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La esclavitud, ¿cosa del pasado?

 

Pórtico Luna

Esclavitud. Cuando escuchamos esa palabra nos vienen a la mente escenas del pasado: Gladiadores, Africa, campos de algodón en el Sur, guerras para conseguir su libertad. Es cierto que en nuestros días siguen existiendo zonas de este pequeño Planeta Azul en que existe la esclavitud tal y como se ha conocido siempre en la historia, la esclavitud a la fuerza. Pero todos pensamos que eso es algo alejado de nosotros, muy lejano. ¿Seguro?.

Miremos a nuestro alrededor; estudiemos un caso hipotético: ese vecino del barrio con el que muchas veces nos cruzamos y que no tiene nombre; aquí por lo menos le daremos uno, le llamaremos Manolo. Manolo es un hombre de unos 42 años, está casado y tiene tres hijos, tiene un coche, un piso en un barrio del cinturón industrial, y un terrenito con una casita en Tarragona. Manolo trabaja de peón especialista en una pequeña empresa. Detrás de ese cargo tan técnico la realidad es que Manolo hace de todo, descarga camiones, barre el suelo, apila cajas, va por encargos y lo que haga falta.

La vida laboral de Manolo se ha ido convirtiendo poco a poco en un infierno. Hace años, cuando murió el viejo, el antiguo dueño, llegó su hijo; venía recién salido de Empresariales, con las ideas muy claras sobre como se hacía rentable una empresa. La empresa de Manolo siempre había sido una cosa casi familiar, con un cariño muy grande entre los trabajadores. Eso se terminó, lo que importaba ahora era la productividad. El nuevo jefe lo decía muy claro, hay que ser competitivos, y eso solo se consigue trabajando más y controlando los gastos. Y así empezaron las jornadas cada vez más largas, el no poder cobrar todas las horas extras que se hacían, el tener que trabajar algunos sábados. Luego vino el trabajar los fines de semana completos por turnos, las penalizaciones por baja producción, los turnos nocturnos, las congelaciones de salarios. Manolo fue viendo como muchos de los antiguos compañeros iban marchando de la empresa, algunos a un trabajo mejor, otros por que no aguantaban más, otros porque según la empresa ya no reunían el perfil adecuado. Manolo, queridos lectores, es un esclavo, y no un esclavo de tiempos remotos, Manolo esta ahí, a tu lado, hoy.

Ya sé lo que diréis muchos, que las cosas no son así, que ese hombre no es un esclavo porque puede elegir dejar su trabajo en cualquier momento, que solo ha de aguantar lo que el quiera aguantar. Entonces quizás tenga que contaros alguna cosa más de Manolo. Es cierto que tiene un piso y una torre, también es cierto que del piso aun le queda una hipoteca de 15 años por pagar, y del terreno aun 20. El coche no, el coche ya está pagado, aunque es cierto que tiene ya 20 años y que ha doblado dos veces el cuentakilómetros, y que cada vez que lo lleva a reparar se las ve y se las desea para poder pagar la reparación. Uno de sus hijos trabaja, y deja algo de su dinero en casa, eso junto con las faenas que hace su mujer ayuda un poco, pero claro, los otros dos hijos están en la universidad y no consiguen encontrar nada que se compagine con las clases. Y luego esta todo lo demás la luz, el teléfono, el agua, el gas, etc., etc. Así el sueldo de Manolo se va mes a mes sin poder ahorrar ni una peseta, muchos meces ha de pedir anticipos para poder aguantar un poco más. Hace mucho que la familia no puede permitirse una vacaciones que no sea en la casita de Tarragona. Y así día tras día, mes tras mes, año tras año.

¿De verdad creéis que Manolo puede irse de su trabajo cuando quiera?. Con esa edad la cosa esta difícil, para los conocimientos que él tiene los empresarios buscan gente joven que pueda aguantar un buen ritmo de trabajo. Como ya he dicho antes, Manolo es un esclavo.

Y a nuestro alrededor, detrás de las puertas de las casas de nuestros vecinos, hay muchos Manolos, mucha gente que ve como su vida no es suya, como no pueden decidir lo que quieren hacer de verdad. Mucha gente que ha de soportar día tras día el ver como en el trabajo se les rebaja y hasta casi se les humilla, pero que han de callar por miedo a perder ese trabajo tan preciado, porque por malo que sea, por lo menos es un trabajo.

Pero aunque eso pasa muy cerca nuestro no nos pasa a nosotros, nosotros nunca seremos esclavos, ¿verdad?. ¿Seguro?.

KUNTA KINTE