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La cibernovia

 

Pórtico Luna

Los testículos, en el caso de los hombres, suelen crecer a un nivel doloroso cuando están expuestos a los estímulos maduros de una mujer madura por medio del chat. Esto es comparable a una eyaculacion mental, establecida gracias a la imaginación, provocada por las palabras maduras de una mujer madura que sabe lo que esta haciendo, y diciendo.

La mujer madura, es precisamente una novia de 32 años que mi amigo Teo conoció por medio del chat de forma ignorante. De forma ignorante, porque ella se puso en contacto con él, no él con ella. Pero no por estupidez, porque a la hora de que la empezó a conocer, entendió que podía hacer mucho más con esta mujer, que con su esposa de 5 años que acaba de dar a luz.

Mi amigo sabía lo que iba a suceder, porque desde el principio se dio una madurez en la charla y su órgano se ponía duro pensando en esta mujer que le pondremos Amanda para efectos de anonimato. Era una violación de la mente.

Amanda le decía cosas que le despertaban lo primate. Le decía como niña avergonzada que a ella le gustaba usar pantalones de mezclilla y que un día le diría qué ropa interior le gustaba. Sin embargo, minutos después, le decía que estaba teniendo orgasmos y que no podía escribir. "Me siento cachonda", le decía.

En los hombres, tenemos una forma de enfermedad cuando hablamos de masturbación con una mujer. Esa enfermedad crece y crece y entramos en una etapa de celo que no tiene nombre y empezamos a movernos sin saber qué hacer, o a quién tocar, o a dónde correr.

Teo entraba en celo por todas partes y todas las tardes, pero no como perro automático que mueve el lomo buscando perra disponible. Más bien como hombre adulto enamorado del celo adulto. Su amiga Amanda le hablaba de cosas. Le decía que le gustaba el pedicure. Entonces Teo se imaginaba uñas pintadas en pies bonitos y se iba formando una especie de fuerza que lo hacia víctima. Luego dejaba el chat y salía a la calle donde se daba cuenta que no aguantaba estar sin ella.

Porque entendía a ese fantasma llamado Amanda. La crisis que estaba pasando ese fantasma porque su esposo fantasma era una especie de bomba de tiempo y ella necesitaba alguien que la amara, no que la explotara con frigideces conservadoras de niño bueno.

Amanda le dijo que no serian amigos. Le dijo que serian pareja cibernética y sin limitaciones. Bueno, una limitación. Su noviazgo no pasaría a la vida real, a lo cotidiano de todos los días en un hotel escondido y con las cortinas cerradas. Porque los 2 vivían en la misma ciudad y podían verse fácilmente. No. Todo quedaría en el chat y de acuerdo a las dinámicas del chat. Eso era el problema para Teo. Pero no para Amanda, que veía muy complejo esos movimientos de usar anticonceptivos cuando con su esposo no usaba y ella no quería usar. A ella le gustaba la piel rugosa.

Mi amigo se puso muy triste al saber estas cosas y me toco verlo en varios centros nocturnos donde una noche lo saque con grúa porque su estado de ebriedad era terrible. Tenia la ropa llena de cerveza y unas bolas rojas en los ojos. Pero como sus inquietudes de Amanda eran mayores, al día siguiente continuaba con ella y bajo las reglas de ella.

Las reglas de ella:

1. La impotencia no existe en el chat. Esto quiere decir que los genitales están diseñados para expresar sentimientos entre novios cibernéticos.

2. La masturbación es una conducta apropiada. Cada quien en su casa, pensando en el otro. Cada quien dándose apapachos saludables. No de otra forma.

3. La masturbación a escondidas no causa culpa. Lo que causa culpa es andar a escondidas en hoteles baratos con cortinas cerradas haciendo cosas prohibidas, como fornicar con condón, que la iglesia prohíbe.

Amanda tenía estas reglas en su mente, pero le era difícil seguirlas al pie de la letra. Todo el día en su trabajo de contadora, contando números y pensando en Teo. Contando números y pensando en su nueva conducta sexual que no incluía a su esposo. Todo un drama de la vida real, que precisamente, le hacia disfrutar muchísimo su lado femenino.

Pero luchaba contra ella misma. Y se decía que para todo hay límites. Más para una mujer casada, que no puede aceptar que su matrimonio es un ejemplo de placidez. Una perdida de energía donde los besos en la boca son como una lechuga fría. Entonces la energía y el experimento con Teo. Todos los besos en la boca para Teo. Mua mua mua.

Teo formó una narco dependencia bastante seria con el alcohol y se iba por largos ratos a desahogar el deseo sexual en la botella. En su casa no decía nada, y su esposa, que en lo que menos pensaba era volver a quedar embarazada, no se daba cuenta de nada. Todas las tardes Teo se veía en el chat con Amanda, y después se iba a pasear solo, a buscar una botella donde meter sus deseos.

Fue entonces cuando decidió hacer otra cosa. Pues las constantes exigencias de novios platónicos ya traían a Amanda en la molienda del desamor y los reproches, "¿Dónde estabas anoche? ¿Estás enojado? ¿Por qué no me escribes?". Entonces, para poder dormir a gusto y liberar la energía que a lo largo del tiempo le había producido un dolor intenso en los testículos, Teo escribió un cuento. Dice que se siente mejor. Que todo esta mejor con sus testículos.

 

Bruno Ruiz

zazen01@hotmail.com