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La vida sin clítoris

 

Pórtico Luna

Aunque ya sabíamos de la existencia de culturas a las que en occidente llamamos "atrasadas" (principalmente por el hecho de que carecen de industria), ahora nos damos cuenta de las implicaciones socio-culturales de este retraso.
Respetar las diferencias religiosas, culturales y folklóricas del mundo se me hace del todo imposible viendo las tristes imágenes que estos días han aparecido en los informativos televisivos.
La sangre y las lágrimas recorren su cuerpo. Y el miedo y la desesperación atraviesan con violencia la pantalla, el tiempo y las costumbres, para convertirnos a todas las mujeres del planeta en esa niña que ha perdido para siempre la oportunidad de sentir placer, que ha visto como se nublaba el cielo y nunca sabrá lo que es el sol.
Su sufrimiento va más allá de las apreciaciones antropológicas, porque un ser humano es un ser humano en cualquier lugar del mundo y un clítoris y una vagina son lo que son en cada una de nosotras.
El abatimiento que supone que hoy, ahora, estén mutilando a una niña indefensa y aún ajena a los cultos que continúan sus mayores, se hace tan grande y tan real que una, si pudiera, dejaría aparcados los tacones en la urbe y, armada hasta los dientes, saldría en defensa de esa niña torturada que es una parte de mí.
Pero no puedo. No puedo más que echar una firmita, hablar de ello con una amiga en un bar, llorar como si yo misma estuviera sintiendo ese dolor tan profundo.
Y eso no va a arreglar nada.
No sé hasta cuando la humanidad va a seguir permitiendo que sigamos siendo tratadas como trozos de carne, como piezas sin vida, como moneda de cambio, como instrumento de placer, como chivo expiatorio, como artículos, objetos, cosas.

El consejito de belleza de hoy:…no tengo consejito. Sólo siento frustración y más ganas de llorar. Hoy le toca a usted darme un consejo que pueda servirnos a todas y a todos para transformar las vidas de quienes ya nunca más podrán vivirla completa.

 

Sandra Miralles