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El poder de la manifestación

 

Pórtico Luna

Cada día en las noticias podemos ver alguna manifestación. Las hay de muchos tipos, organizadas por el gobierno, por los sindicatos, por trabajadores, por ONGs, por partidos políticos, etc. Algunas son multitudinarias, juntando a cientos de miles de personas y colapsando el tráfico en toda la ciudad. Otras son muy reducidas, poco más de una o dos docenas de personas.

Es evidente que a más participación más poder, porque, no nos confundamos, una manifestación no es más que eso, una demostración de poder. Una demostración de poder frente a algo o alguien, algo así como decirle "Mira lo que tengo detrás, yo que tú iría con cuidado". Como todo hoy en día ese poder lo demuestra la capacidad de los organizadores de la manifestación para convocar a los medios de comunicación. Sin el respaldo de esos medios de comunicación un manifestación sólo es un estorbo menor para unos cuantos vecinos, y poca gente se enterará de la intención de la manifestación, ni de lo que defiende. Por supuesto que lo medios no van a cualquier manifestación, suelen buscar entre tres cosas, que sea multitudinaria, que sea polémica o que sea violenta. Me ahorro decir que hay algunas a las que tienen que ir a la fuerza, por órdenes "superiores", como las organizadas contra el terrorismo, las de sindicatos mayoritarios y cosas así. La prensa no irá a una manifestación de cuatro personas que quieren defender los árboles de su calle, por ejemplo. Pero sí a la de una empresa de tres mil trabajadores que se van a quedar en la calle.

Cuando una manifestación la organiza un solo grupo de poder no hay problema. Todo lo que se consiga con ella no se ha de repartir, todo queda en casa. Es cierto que incluso dentro de un mismo partido o sindicato puede haber corrientes divergentes, y un observador atento lo puede ver con claridad en las pancartas y consignas de los manifestantes. Sin embargo suelen ser problemas menores, que rápidamente son disimulados por los organizadores, al fin y al cabo todos comen del mismo plato.

Pero otra cosa es cuando hay más de una fuerza en la organización. Entonces empieza la lucha y la negociación. La teoría es que antes de la manifestación todo estará pactado. Se sabrá perfectamente que zona le corresponde a cada uno para poner a su gente. Se decidirá que eslogan se va a utilizar y se llevará en la pancarta que abre la manifestación. También quién estará al lado de quién entre las personas que llevan esa pancarta. En fin, se pactarán los detalles más ridículos que os podáis llegar a imaginar. Pero lo más divertido es que luego la mayoría de esos acuerdos quedan en nada. Por ejemplo, las manifestaciones del primero de Mayo en Cataluña. Todo pactado para una buena organización; además interesaba mucho dar una imagen de unidad sindical, el gobierno del PP tenía que saber que había otra vez un frente unido. Ya antes de empezar la manifestación, en las declaraciones a la prensa de los secretarios generales, empezó el follón. La lucha de la gente de las bases por colocarse detrás de su secretario general con una bandera o una galleta del sindicato fue encarnizada. Y eso sin hablar de algunos grupos menores que también lo intentaban. Recuerdo particularmente una bandera de Palestina, más que nada porque no paraban de ponérmela en los morros para que saliera por la tele; delante mío estaba Pepe Álvarez haciendo sus declaraciones. Curiosamente, una bandera similar uno días antes (en la manifestación de los sindicatos europeos de la cumbre de Barcelona) fue desalojada de manera no muy agradable al intentar atravesar el cordón del servicio de orden. Por cierto, un comentario sobre los servicios de orden, contra todo lo que pueda parecer toda la gente de los servicios de orden son simples trabajadores afiliados a uno u otro sindicato. Gente que se implica un poco más de lo normal y que ayuda en lo que puede. Es gente que aguanta estoicamente varias horas de plantón , y que muchas veces ya ha estado muy temprano aparcando autocares o montando mesas, y todo eso por la patilla, peor aún, porque por ser afiliado se paga.

Durante el camino hacia la plaza de la catedral los problemas desaparecen, allí la prensa está muy dispersa y solo tira fotos generales o a detalles muy especiales, por unos minutos el poder no esta en juego. Pero llegamos a la Plaza de la Catedral donde esta montada la tarima. Empieza la guerra, sin que se sepa en ningún sitio el primer follón viene sobre qué secretario general hablará primero. Según uno, hay un pacto de que un año uno y un año otro, como el habló el primero el año pasado ahora le toca el último (la ventaja siempre es para el que habla al final). El otro secretario general sufre una repentina perdida de memoria y no recuerda nada de eso, él hablará el último. Primero una muchacha lee un comunicado en contra de la intervención de Israel en Palestina (ahora se entiende que esta vez si dejarán la bandera; estar con Palestina está de moda). Repentinamente observamos con asombro como un grupo numeroso de manifestantes del otro sindicato invade nuestra zona con sus galletas y banderas, justo en ese momento nuestro secretario general comienza a hablar; en las imágenes televisivas solo parece haber un sindicato que domina la manifestación. El juego de poder tiene un ganador, la estrategia ha sido poco sutil pero efectiva. A nosotros sólo nos queda la pataleta; cuando nuestro secretario general termina no se queda a oír al otro en la tarima, baja para escucharlo "como un trabajador más"; la consigna está clara, retirada. Toda la parafernalia de nuestro sindicato se va dejando al otro sindicato más solo que la una.

Igual que en esta manifestación de la que os hablo la lucha de poder está en todas y cada una, con más o menos beneficio. Siempre hay alguien que intenta conseguir algo en ellas. Las manifestaciones no organizadas son muy raras hoy en día; hay algunas, pero rápidamente son manipuladas. Y sin embargo la manifestación es un derecho reconocido, es nuestro derecho a decir que algo no nos gusta, aunque luego no sirva para nada, es nuestro derecho a la pataleta.

El consejo de hoy es que, cuando algo no nos gusta, no hay que quedarse en casa, pero cuidado, mucho cuidado: aunque vuestra intención sea buena podéis encontraros con que lo que acaba representando esa manifestación no es lo que vosotros pensáis, pero ya os habréis convertido en un número más de las estadísticas de la prensa. Estad atentos, y si veis que la manifestación no es lo que esperabais, si os creéis que os están usando, no tengáis reparos en salir en cuanto se pueda, vuestras ideas son vuestras, no dejéis que nadie las manipule.

 

KUNTA KINTE