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Seguridad

 

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Uno de los sectores que económicamente está creciendo, tanto en beneficios como en contratación, es el de la seguridad privada. En torno al miedo se está creando un suculento negocio que llena los bolsillos a más de uno. Cuanto más miedo, más seguridad y así florece un mercado que tiene un futuro prometedor y que nos llevará a contratar un vigía para nuestra propia sombra. Podré algunos ejemplillos para amenizar la velada, y disculpen que no los tenga del territorio patrio. En Canadá y Estados Unidos la seguridad privada gasta el doble que la seguridad pública. En Argentina, el mismo negocio mueve mil millones de dólares al año. Hay un mogollón de empresas que crecen como setas después de la lluvia, así en Perú hay mil quinientas y tres mil en Colombia. Lástima que no tenga datos de aquí, pero estoy seguro que la proporción está aumentando considerablemente.

Mucha seguridad, tanto privada como pública y mucho control social para que la masa no se desborde, no proteste en el más maravilloso de los mundos y se comporte como mandan los cánones. Mano dura, y poco estudiar y analizar los orígenes de tanta violencia, que no sólo se desarrolla en los suburbios y arrabales, también en los lugares de trabajo y en el ámbito familiar. No es de extrañar que algunos locos paranoicos defiendan el uso de las armas para salvaguardar lo que seguro han robado de manera legal. Bastantes norteamericanos, los más demócratas del mundo mundial y los mayores defensores de los derechos humanos, duermen con las Sagradas Escrituras y un pistolón en la mesita de noche, no vaya a ser que algún negro o hispano después de trabajar quince horas por un sueldo de mierda y dormir hacinado en cualquier tugurio les robe la moral. Ya se sabe, “A Dios rogando y con el mazo dando”. Hay ni más ni menos que doscientos treinta millones de armas de fuego en manos de ciudadanos americanos dispuestos a entrar en un colegio y disparar como en un videojuego.

Hace un tiempo en una encuesta que suele hacer la Cadena Ser (“El pulsómetro”) reflejaba que a los ciudadanos españoles lo que más le preocupa es la inseguridad, dejando en segundo lugar al terrorismo con el que vienen dando la lata desde hace un tiempo. Los encuestados identificaban inseguridad con inmigración: peligroso cóctel, peligrosa identificación, quizá la más fácil. Pero no se preocupen, el gobierno del don José Mari va a aumentar las partidas presupuestarias en seguridad y va a sacar a oposición un montón de plazas para policías de todo tipo, que ayuden al ciudadano y si se desmadra que le den un poco de porra. Mientras tanto un amigo se quejaba que ya no se van a convocar más plazas para profesores de dibujo y plástica: ¡Plástica, vaya mariconada!

Saben, señores que yo, ante tanta pistola, tanto cuerpo de seguridad, tanta cámara que me espía hasta el último polvo, tanto traje autoritario, tanta alarma, tanta cerradura con cuatro puntos de ajuste, tanta aseguradora del bienestar, me encuentro encorsetado y me falta el aire, en fin, poco seguro y con una sensación asfixiante de falta de libertad. Cuando esto me pasa recuerdo una noticia que me daba el uruguayo Samuel Blixen: El botín de cincuenta atracos realizados por las bandas de delincuentes más espectaculares de Uruguay, sumaba cinco millones de dólares. El botín de dos atracos, cometidos sin fusiles ni pistolas por un banquero y un financiero, sumaba setenta millones. ¿Les suena a ustedes algún símil en nuestro país?