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Le llamaban Pedro Jota (I)

 

Pórtico Luna

Los más viejos de lugar quizás recordarán un tiempo en el que los directores de los periódicos no eran especialmente relevantes y más allá del circulo periodístico o intelectual gozaban del anonimato.

Sin embargo, en los últimos veinte años, y propulsados por las tertulias de alto voltaje de la radio, el director de un periódico se ha convertido en el showman definitivo, capaz mediante una sola voz de aunar las funciones de desvelar exclusivas, adelantar los contenidos de la edición de mañana y sintetizar la opinión que sostendrá el rotativo. Es decir, que da mucho juego.

Así, ya no es tan raro ver que el director abandona la redacción antes del cierre para asistir a la tertulia.

Pero si el director de un periódico es ya por su condición un personaje mediático, los hay que ostentan la categoría de autentico fenómeno. Y es que siempre ha habido clases.

Y si les pidiese que pensasen en el nombre de un director de periódico, no necesito ser adivino para reducir las probabilidades a dos nombres: Uno es Luís María Anson, que no en vano ha usado su profesión de periodista para dar rienda suelta a su vocación de publicista. (El que no sepa por donde van los tiros que no desespere, que ya lo explicaremos).

¿Y el otro? El otro, por supuesto, es Pedro J. Ramírez.

Alguien ha definido a Pedro J. como alguien capaz de provocar entusiastas adhesiones y viscerales repulsiones. Para sus admiradores es muy trabajador, honesto y un auténtico modelo de periodista-cruzado.

Para sus muchos detractores, es incurablemente vanidoso, insufriblemente arrogante, descaradamente parcial, ambicioso, megalómano, sectario, e incluso psicótico... pero trabajador.

Nacido en Logroño en 1952, de padre riojano y madre catalana, estudió periodismo en el reputado Instituto de Periodismo de Navarra, ligado al Opus Dei y por donde pasaron, entre otros, Iñaki Gabilondo o Antonio Herrero.

En 1973 marchó a los USA, donde enseñó español en el Lebanon Valley College de Pennsylvania. Durante esa época estalló el caso Watergate, paradigma del periodismo de investigación capaz de poner contra las cuerdas la más alta magistratura de un país. En repetidas ocasiones, Pedro J. Ramírez ha expresado su admiración por Woodward y Bernstein, los periodistas del Whasington Post que destaparon el escándalo y sin duda se le puede considerar el introductor en España del nuevo periodismo de investigación.

De vuelta en España, trabajó en la plantilla de ABC y en 1980, con solo 28 años, fue nombrado director de Diario 16, el cual se encontraba al borde de la quiebra a la marcha de su anterior director Miguel Ángel Aguilar.

Cuando se hizo cargo del periódico, este vendía 15.000 copias. Cuando lo dejó en 1989, vendía 140.000. ¿Cómo lo hizo?

Rompiendo todas las reglas.

El Eternauta