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Usted ha visto demasiados culebrones

 

Pórtico Luna

El sentido del humor es el arma definitiva, la salsa secreta, el Santo Grial, el Nirvana, el Orgasmatrón, el Soma, el As en la manga, el Talismán indestructible y la media naranja. Lo digo así, drásticamente, para hacer más mella, por si usted es una de esas personas que se contagia fácilmente del lagrimón de media tarde y las tragedias edulcoradas.

¿Siente usted un hondo penar, una nube negra densa y tormentosa, un remolino de ansiedad grisácea, un abismo insalvable entre la alegría y la realidad, una especie de yo qué sé y qué sé yo? Ríase. Primero, ríase. Todo tiene gracia, oiga, todo. Sí, todo. Piense en lo más terrible, lamentable y fantasmagórico que pueda pasarle. Si no le arranca al menos una frase irónica, usted ha visto demasiados culebrones.

Antes de que se le rían en la cara, hágalo usted. Y si su situación es tan desastrosa que no tiene ni una pizca de sal, póngasela. Verá como, después de una media sonrisa, de una carcajada grave, de una risa histérica o de una sincera hilaridad, le resulta más fácil pensar en su problema y adquirir la paciencia necesaria para comprenderlo y solventarlo. Arrastrarse por las esquinas, llorarle al loro o vagar con pesadumbre por el mundo no soluciona absolutamente nada. Más bien tiende a hacer más oscura la cripta. Y si, después de haberse reído, sigue usted con esa mueca afectada, arañando las espaldas y mojando el hombro de quienes le rodean, usted ha visto demasiados culebrones.

Pero, y este es el consejito de belleza de hoy, recuerde que, si las lágrimas hidratan el cutis, la risa favorece las patas de gallo, como el llanto alimenta la pena y la risa el buen humor. Y si usted sigue prefiriendo tener la piel lisa como el culo de un bebé y el alma envuelta en sus pañales, usted ha visto demasiados culebrones.