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Los muchachos de hoy en día

 

Pórtico Luna

O sea, los muchachos de hoy en día, están bien "acá" sobre los detalles. Alertas, "truchas" y pendientes de cualquier descuido, porque no se repiten los momentos para disfrutar del panorama que sólo una mimosa puede enardecer con su espontaneidad de espíritu en un antro atiborrado de almas alcoholizadas.

Siempre unos draculitas ante los descuidos femeninos, estos muchachos a veces hasta crean las condiciones favorables para observar bien los detalles, para calentarse con la droga de una silueta inocente y desprevenida en un pasillo atiborrado.

Por ejemplo, una blusita fiel a cualquier ojo lloroso, tan nerviosa de paquete, que exterioriza el mensaje interior: "Hola. Me llamo sostén. Mi función es sostener al volumen redondo. ¿Podéis verme? ¿Podéis ver volumen redondo? Uno se llama Lola, otro se llama Lola"

O también un pantalón lata de sardina que viene por ahí, que indica la existencia del piloncillo, todo un medallón por conocer y que canta victoria por encima de la creatividad: "¿Podéis verme? Mi nombre es piloncillo. Soy el pilón, vengo incluido si te portas bien ¿Te portas bien?"

O por poner otro ejemplo, si se nos permite en este honorable establecimiento cibernético de porticoluna.org, una cliente que baila al lado de su acompañante exhortándole: "¡¡¡No voy a enseñar nada!!! ¡¡¡I promise!!!". Mientras tanto, todos aprecian su falda color miel. Una falda que tiene carácter y que revela la gran incógnita del universo. El ojo del huracán. O sea, la ropa interior: "Hola. Me llamo ropa interior, pero me dicen Victoria Secret porque me gustan los secretos, y si te portas bien, te diré mi secreto ¿Quieres saber mi secreto? Pórtate bien"

Porque no importa lo lejos que uno se encuentre en estos antros de almas alcoholizadas, en estos escenarios nocturnos se puede pretender para efectos de primera necesidad. Esto es algo que se denomina como "La Llamarada del Petate", porque el efecto que queda en uno es como si se hubiera quemado el corazón (y la bragueta). Aunque en unos circuitos más desamparados y elitistas, recibe el nombre de "Gratificaciones Un-dos-tres", porque nomás con ver dichos efectos, se tiene para dormir a gusto… y soñar con los angelitos.