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Humonos

 

Pórtico Luna


Para empezar, lo mejor será aclarar algunos términos y conceptos que nos servirán para entender lo que se irá exponiendo en este espacio recién inaugurado. Vamos allá.
Lo primero que quiero dejar claro es que una inmensa mayoría de los componentes de la especie humana no tiene de humano más que aquellas características que por razones biológicas no pueden ser eludidas. Así, nos encontramos con que, a efectos de comportamiento, gran parte de los llamados "seres humanos" se conducen como simios, como semi-humanos aceptables que son capaces de vestirse, asearse y no ensuciar demasiado. Habiendo pruebas de sobra para apoyar esta afirmación, como tendremos ocasión de comprobar, ahora me limitaré a describir los rasgos que distinguen a este tipo de humano incompleto al que propongo nombrar desde ahora con el término humono.
A pesar de disponer de las facultades necesarias, el humono no utiliza ninguna de aquellas que permiten analizar, cuestionar, diseccionar, valorar y discernir las ideas, apoyándose únicamente en sus impulsos primarios y en una desarrollada capacidad mimética heredada de sus parientes primates más cercanos. Como resultado de esta actitud, el humono carece de identidad propia, prefiriendo adoptar una prefabricada antes que realizar cualquier esfuerzo que implique autoexigencia o algún tipo de ejercicio racional.
Al estar dotado de una capacidad de raciocinio infrautilizada, el humono ralentiza la atrofia de dicha facultad mediante comportamientos reflejos. De este modo, el humono enfrentado a cualquier situación o concepto que perturbe su cómoda indolencia y amenace con activar la mínima gimnasia mental, se replegará en sus nociones básicas y se quejará mecánicamente hasta que se ponga a su disposición una solución o idea lo bastante ligera como para calmar su conmoción mental sin que se vea obligado a realizar esfuerzo alguno para procesarla. El humono no se cuestionará si dicha idea es más o menos correcta, bastándole el hecho de que haya sido adoptada por la mayoría de sus semejantes.
No debemos caer en el error de relacionar la condición de humono con clases sociales o profesionales determinadas: el humono medra con igual alegría en los claustros de las universidades que en los campos de labranza, tanto en los parlamentos como en las bodegas de barrio, lo mismo entre conservadores que entre liberales, entre antiguos y modernos... El humono se extiende por doquier ayudado de su amplificado talento imitador. ¿Puede distinguirse un humono de un humano? Desde luego que sí. De ello hablaremos en próximos encuentros, pero, de momento, sirva un sencillo ejemplo: Un humono que leyera esto, lo primero (y lo único) que pensaría es que están hablando de cualquiera menos de él.
Hasta la próxima.

El Largo