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Un frío carnaval

 

Pórtico Luna

La fiesta de la carne ya empezó y terminó y yo no pude alcanzar a ver ni un pedacito de carne que no sea la que se expone a diario en las carnicerías (disculparan la banalidad del tema, pero mientras los Estados unidos al mando del crazy cowboy texano organiza una expedición sangrienta a la tierra de las mil y una noches con un fin tan noble que nadie cree... "la libertad", el mundo sigue su curso, ademas las festividades de la carne terminaron antes que la primera bomba americana tocara suelo iraqueno). La fiesta calor y color en Rio de Janeiro, Venecia, aún Veracruz o Mazatlán y yo atrapado en las callecitas de Bellinzona Suiza en un festival que me recuerda, por mucho, los desfiles de primavera de cuando estaba en el kindergarden. Cientos de abejitas, de conejitos, de dálmatas y aún de reinas de las flores que bailan al ritmo de "Heidi" versión Dance y que nada tiene que ver con aquel famoso: Abuelito dime túúúú!!!. Si, por mucho el carnaval de Bellinzona (orgullo de la ciudad y al parecer de toda la region italiana que tiene en esta ciudad la capital de su republica) parece un desfile de la primavera con alcohol, fragolino y muy poca mariguana a pesar de que se puede comprar en varios negocios.

Cuando tenía menos de 5 años viví por un tiempo en Cancún. Con la edad, ese puto Alzheimer que amenaza con apoderarse de mi y sobre todo mi irresponsable consumo de sustancias prohibidas por la ley he perdido recuerdos, no se si valiosos o no, pero al fin recuerdos. Cuando Fercor y yo agarrábamos esas borracheras tremendas que te llevaban sin remedio a las lagunas mentales siempre decíamos que eso del olvido debería ser selectivo, que deberías poder elegir que olvidar y que no, desgraciadamente no es así y olvidas parejo (lo cual visto desde el punto de vista de Funes el memorioso, aquel joven que recordaba todo y cada uno de los instantes vividos en todos sus detalles y que lo llevo a una crack cerebral, según Borges). En fin, decía que cuando tenía menos de cinco años y vivía en Cancún estuve un año en el kinder. Lo poco que recuerdo de aquel entonces esta más ligado a los recuerdos que uno se inventa a fuerza de la memoria materna. Es decir, obligado por la historia que las madres cuentan y que a uno no le queda más remedio que aceptar. Y también claro por las fotografías, ese archivo de momentos que hasta la llegada de la era digital el tiempo también percudía y desgastaba.

En aquel entonces en algún desfile del 21 de marzo o en un final de cursos, no conseguimos ni yo imaginarlo ni mi madre recordarlo, salí disfrazado de chino. Afortunadamente las fotografías aún conservan los colores y ahí se puede apreciar un traje verde hecho de satín o alguna tela del estilo (brillosona) y una media metida en la cabeza simulando la ausencia de cabello además de una larga trenza de estambre. Bueno, mas de veinte años después he vuelto a vestirme de chino. El traje ahora es blanco, impecable, diría yo, un traje de domingo para un chino común. En las calles he encontrado otros trajes mejores, más elaborados, con telas vistosas y pelucas que simulan lo que simulaba aquella vieja media metida en la cabeza. Con todo me he sentido cómodo dentro de esa piel que no es la mía. Como también me he sentido a ratos ofendido porque otro de los trajes que más se ve por la calles es el de Mexicano, que consiste en un sarape y un sombrero de esos que te venden en dólares a los turistas que llegan a Cancún y Playa del Carmen. Pero bueno, al fin es Carnaval y se trata de divertirse y ridiculizarlo todo. Como lo hacen acá en el desfile de carros alegóricos.

Las noches de carnaval son largas, pero, y digo esto a riesgo de parecer un tanto soberbio, aburridas. La gente en la calle bebe un vino de fresas nada mal pero que de inmediato hostiga. Dos, tal vez tres copas se pueden beber, lo cual para adquirir un estado etílico acorde al momento no sirve de mucho. La cerveza no es mala, pero con el frío que hace dan pocas ganas de beberla, pero de cualquier manera se hace.

El ambiente comienza a caldearse pasada la medianoche pero siempre será el ritmo monótono y machacante del euro-dance salpicado de pinceladas de latin-dance (léase Ricky Martin, El Símbolo y demás, disculparán el termino, sandeces). Además el frío y el grosor de los trajes impiden que las pieles suizas se muestren en todo su esplendor. Pero que se puede hacer, estamos acá y lo mejor es beberse un fragolino más y hacer como que se esta uno divirtiendo de lo lindo.

Ernesto Aroche

 

días_extranos@yahoo.com