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Dr. Lucer, I suppose. (por alusiones)

 

Pórtico Luna

Esto sucedió hará un par o tres de meses. El Dr. Lucer se acercó a mí con la absurda pretensión de entrevistarme. Poco o nada sé sobre el Dr. Lucer, pero no lo tengo por un ser absurdo. Su idea, la verdad, me dejó estupefacto. Lucer se apresuró a matizar su proposición.

En realidad no se trataba de una entrevista al uso y me tranquilizó saber que no tenía intención de difundirla públicamente. Inquirido acerca de las motivaciones de tan extraño antojo, me habló de una sesuda tesis sobre los fundamentos antropobiológicos de la personalidad. Durante algún tiempo se había dedicado en cuerpo y alma a entrevistar a personajes, que en su criterio, resultaban dignos de estudio, a fin de realizar comparativas concluyentes con toda la información recopilada. --No se preocupe, Tichy, --me aseguró --sus respuestas sólo verán la luz a modo de ejemplo, en un voluminoso estudio para especialistas, y siempre de manera impersonal.

Obedeciendo a no sé qué impulso, acepté, no sin exigirle tres condiciones previas. La primera decía que yo contestaría a sus preguntas en mi casa, plácidamente instalado en mi despacho, único lugar en el que me es dado el disfrutar de la intimidad necesaria para la reflexión. Por la segunda condición, yo le pedía que la entrevista fuera por escrito. A mano o a máquina; me daba igual. Excluí, pues, el uso de la Red, medio poco prudente para el intercambio de semejante tipo de información.

La tercera y última de las condiciones emanaba directamente de una de mis múltiples manías, a la que debo esa desagradable sensación de desnudez que experimento cada vez que me veo en la tesitura de tener que responder a cuestiones personales. De tal modo es esto así, que cuando alguien me pregunta determinado tipo de cosas, necesito de antemano conocer en profundidad a la persona ante la que me voy a confesar, para lo cuál no he hallado otra solución mejor que hacerle yo a su vez una entrevista al entrevistador.

Esta necesidad mía explica por qué nunca concedo intervius a los medios de comunicación, y el por qué de mis reticencias a comparecer en ruedas de prensa. Rehuyo de ese género, por que en él, quien pregunta es un periodista, pero a quien uno responde es al público, a la masa, y la masa engulle las palabras de uno de manera harto diferente a como lo hace un único interlocutor. Y, claro está, yo no puedo conocer en profundidad a toda la gente. Para cualquier pregunta que se enmarque en el ámbito de la opinión, yo tengo 100 respuestas diferentes, y elijo la que creo más conveniente, según el perfil de la persona que tengo enfrente. Espero que se comprenda mi inquina hacia las entrevistas. En una tesitura así, ya a la primera pregunta me asalta un ansia irrefrenable de separar a los potenciales receptores de mi mensaje en sus correspondientes apartados zoológicos, para luego responder a esa pregunta de forma distinta dependiendo de la jaula a la que me dirija.

El caso es que el Dr. Lucer quería entrevistarme, y yo quería antes conocer en profundidad al Dr. Lucer.

--Pero yo no tengo todo el tiempo del mundo para dedicarlo a estudiar al detalle su personalidad --le dije --Así que lo mejor será que me cuente qué es lo que piensa preguntarme y así yo sabré qué es exactamente lo que me interesa saber de usted.

Lucer vio con buenos ojos mi contraoferta, pero había una objeción a la primera condición que le preocupaba sobremanera. Muchas de mis respuestas, suscitarían seguramente nuevas preguntas. Si yo me empeñaba en responder en la soledad de mi despacho, no cabrían las réplicas y contraréplicas, ni las matizaciones a posteriori. Sopesé este inconveniente y propuse un método que subsanaba en parte esas deficiencias.

A continuación paso a explicar detalladamente el proceso que permitió que la entrevista pudiese llevarse a cabo, bajo el estricto cumplimiento de las tres condiciones, tal y como yo, imperativamente, las había formulado.

Dos días después de nuestro encuentro recibí en mi domicilio un sobre con la entrevista que el Doctor deseaba hacerme. Leí con detenimiento las preguntas y reuní mentalmente toda la información que necesitaba sobre la persona que me hacía semejante interrogatorio, ordenándola por escrito. Con el material que mayormente suscitaba mi interés formulé un cuestionario. Incluí preguntas de muy diversa índole, variedad alusiva tanto al contenido de las mismas, como a su aspecto formal. Nadie consideraría que aquella sucesión de interrogantes era una entrevista, ni que las posibles respuestas llegasen a adquirir el carácter de declaraciones. Aquello estaba mucho más cerca de un test, aunque sin llegar al minimalismo radical de las encuestas. Lo llamé "cuestionario", y así me referiré a él a partir de ahora.

Al día siguiente envié el cuestionario al Dr. Lucer, que me lo devolvió, al poco, debidamente cumplimentado. Leí sus respuestas, tarea en la que puse lo mejor de mis cinco sentidos. Del trabajoso análisis obtuve una idea aproximada de la composición espiritual de mi entrevistador. Ahora ya estaba en condiciones de contestar al Doctor todo lo que éste deseaba saber de mí. Así que escribí, una por una, y a mano, todas las respuestas que conformaban la entrevista. Introduje los folios en un sobre grande y lo direccioné por correo a casa de Lucer.

"Me despido atentamente de usted --apostillé en la postdata --esperando que mis declaraciones le sean de alguna utilidad."

Su seguro servidor ION TICHY

Confiaba en haber zanjado el asunto. Tenía el convencimiento de que no volvería a tener noticias de Lucer.

Pero el Sr. Doctor me reenvió el sobre tres días después. Lo abrí, no sin cierta extrañeza, y comprobé que había añadidas algunas nuevas preguntas. En un buen número de ellas se me pedía que matizara determinadas cuestiones que el Doctor consideraba imprescindibles, sobre todo tras leer mis respuestas. Otras, en cambio, eran totalmente nuevas y no hacían referencia a nada de lo que yo había expresado en la versión primigenia de la entrevista. Como es natural en una persona bien educada, añadí varias precisiones a algunas respuestas y contesté a todas las cuestiones que no figuraban originalmente. Seguidamente volví a mandarle el sobre, con la entrevista ya retocada.

Cuando recibí por vez tercera la dichosa entrevista, mi sorpresa no fue tan intensa, como si esperase que algo así fuera a suceder. El caso es que tras los retoques la entrevista estaba prácticamente completada al gusto del Dr. Lucer. Pero, según me decía, quedaban todavía tres o cuatro flecos por pulir. De modo que me retornaba los folios, solicitando unas mínimas puntualizaciones, y agradeciendo de antemano mi infinita paciencia. Un nuevo sobre viajaba minutos después hacia casa del Dr. Lucer.

El lunes siguiente apareció en mi buzón un sobre similar. Me temí lo peor. En efecto, la entrevista volvía íntegramente a mis manos. Junto a ella, una pequeña separata incluía una breve nota:

"Apreciado Tichy, no sabe cuánto provecho he extraído de las declaraciones que usted ha tenido a bien verter en estas hojas. Estoy analizándolas con lupa de cirujano, y por lo visto hasta ahora, he de decirle que tiene usted un perfil de lo más curioso. Sus aclaraciones y las respuestas a las nuevas preguntas me han ayudado muchísimo a forjar un cuadro psicológico más completo de su talante vital. Considero todas mis curiosidades más que satisfechas. Bueno, todas menos una. Es referente a la idea de usted, repetidamente expuesta, de que la Filosofía es un juego. Cuando en mi anterior misiva le rogué que reflejara de manera sintética su concepción de lo lúdico, exposición, por cierto, magistral, usted afirmaba tajantemente que el hombre es un animal que juega. ¿Quiere con ello significar que el juego es lo que hace del hombre un ser superior?. Esta es una cuestión en la que desearía que usted profundizara. Este es el motivo por el que me he atrevido a insistir una vez más, molestándolo sólo por esta pequeña minucia, pues el resto de la entrevista ha quedado redonda, y yo ya no veo necesidad de que usted ajuste aún más sus opiniones. Atentamente, espero ésta, su última respuesta, aprovechando la presente para felicitarle en el día de su aniversario, llegue éste cuando llegue."

Suyo siempre LUCER

Devolví el sobre tal y como lo había recibido. Con la única diferencia de un nuevo franqueo y de una pequeña ficha archivadora en la que aclaraba brevemente que mi aserto no debía ser tomado al pie de la letra:

"He procurado contestar --me justificaba yo --con la mayor honestidad. Pero una entrevista como ésta no deja de causarme un cierto respeto, y a veces, no puedo olvidar que lo escrito, escrito queda, y que cualquier humano podrá acceder a mis palabras en un momento dado, con sólo ajustarse a unas determinadas circunstancias. En esas ocasiones, que son contadísimas, no puedo superar el sentimiento de que estoy hablando para toda la humanidad, y me creo en el deber de sentar cátedra, y de sublimar mis ideas con frases rimbombantes, y de negar o afirmar mis convicciones con una contundencia casi dogmática. Atribuya usted a esta debilidad, lo ambiguo de mi aserción sobre el juego. Es una evidencia innegable que los animales juegan. Nunca he pretendido negar este hecho, aunque mis palabras pudieran inducir a creer lo contrario. Por si acaso lo repetiré directamente: es innegable que los animales juegan. Lo que en el fondo quise decir es que nuestro futuro depende de cómo evolucione nuestra concepción de lo lúdico. En poco tiempo la tecnología facilitará la supervivencia humana, al punto que dispondremos de más tiempo libre que el dedicado a las labores. En la composición de las sociedades futuras, más del 50% de los ingredientes pertenecerán al ámbito del ocio, Esta es exactamente la idea que quería plasmar con mi alusión al `homo ludens´. Desearía que ahora le quedara mucho más clara mi postura. Con esta intención, le adjunto esta nota aclaratoria, que usted podrá incluir en la respuesta original, o bien, reseñar a pie de página."

Su seguro sirviente ION TICHY

En la mañana del jueves un cartero me obligó a levantarme de la cama a base de timbrazos. Llevaba consigo una carta certificada a mi nombre, y con sello de urgente. Mala espina. Hacienda, Jefatura de tráfico, el catastro, la Seguridad social, el Dr. Lucer…

Era el Dr. Lucer. Se trataba en esta ocasión de una postalita con un texto casi telegráfico:

"Querido Tichy: Muy interesante su teoría del ocio. Dudas sobre `homo ludens´, aclaradas. Dudas sobre lo lúdico y la animalidad, aclaradas. No se preocupe, el texto no puede ya inducir al error. Usted mismo lo dice: es una evidencia innegable.

PREGUNTA: ¿Las amebas juegan?"

--Espere un momento --le dije al cartero. Cogí un trozo de papel roto y escribí:

"La diferencia entre el hombre y el animal es que el juego animal es instintivo. Juega a los juegos propios de su instinto. El hombre, además, tiene conciencia de ese acto que es jugar y lo convierte en un acto de reflexión; y lo llama jugar . Juega y se ve jugando. Es capaz de racionalizar el juego. Juega también con la razón. Manipula, modela, organiza y compensa. Crea sus propios juegos, tantos y tan sofisticados como grande es su capacidad para imaginar. Pero, Dr. Lucer, yo desconozco por completo en qué consiste esencialmente el instinto de una ameba. Es más, tengo serias dificultades para elaborar una representación mental del sentimiento de una ameba. Nunca se me ha ocurrido pensar en ello. Yo, Dr. Lucer, jamás me he sentido ameba, condición indispensable para que uno se pregunte alguna vez si las amebas juegan. Lo siento. No puedo obtener respuesta a una pregunta que nunca me he hecho. Tal vez usted…"

Póngame a los pies de su portera ION TICHY

Puse el pedazo de papel dentro del mismo sobrecito que me había enviado Lucer y le pedí al cartero que lo devolviese al remitente, por defunción del destinatario.

El viernes estuve un buen rato esperando al cartero. Me había apostado un contador Geiger a que llegaría otra notita. Y gané la apuesta.

"Queridísimo Tichy, ¿cómo envidio su buen humor?. No hay ningún problema en omitir la respuesta sobre las amebas. De hecho, podría haber puesto cualquier otro animal como ejemplo y la pregunta no cambiaría su sentido. Creo que ha respondido usted de sobras a lo que en realidad le estaba preguntando. Pero se me ocurre, ahora…pensando…¿cree usted que hay juegos humanos superiores a otros juegos humanos?. Y en ese caso, ¿los juegos más perfectos son propios de culturas más perfectas?"

A mi portera le huelen demasiado los pies LUCER

Estuvimos varios días enviándonos notas mútuamente. La entrevista llevaba más de una semana atascada. Y todo por una maldita cuestión; una sola cuestión. Que si el ajedrez es un juego superior; que si el deporte es un juego en bruto, sólo un punto por encima del más sofisticado de los juegos de un mono ("¿Un atleta es un mono que sabe cronometrar?", me preguntaba una de las veces); que si los chinos; que si los árabes…

Un martes el cartero no hizo acto de presencia. Quedé expectante. Pasó el miércoles; la prudencia moderaba mis emociones. El viernes suspiré hondo

Lunes, 10 A.M. Leo un papel pautado. El Dr. Lucer me anuncia que está muy contento con la resolución del debate suscitado por mi insistente aseveración de que la Filosofía es un juego, y que está prácticamente acabado el estudio psicológico de mis respuestas. Me asegura que se puede dar por finalizada la entrevista, y me comenta también con mucho entusiasmo, que soy el primer encuestado que ha contestado a todas las preguntas, sin excepción, y que aprovechando esta inusitada excepcionalidad, se permite la libertad de hacerme una última pregunta, básica para comprender mi androginia expresiva como actor-espectador. Enseguida quiere tranquilizarme, diciendo que se trata de una pregunta clara y directa, de la que espera una respuesta concisa y sin ambages; bastará, me dice, con un sí o un no. Y luego viene la pregunta:

"¿Reza usted antes de dormir?"

¡Vaya hombre!, me dije al leerla. Descolgué de la pared un gigantesco mapa de la Luna y llené el anverso con un montón de excusas:

"Doctor, le hablo desde la cara oculta de la Luna. Celebro que mi entrevista esté a punto de engrosar el número de datos de una importante estadística. Pero aunque no deseo moverle a la frustración, tengo que confesarle que su pregunta básica me ha dejado consternado. Cuando la leí, dije, "¡Vaya hombe!". Y es que se trata de una pregunta delicada, a mi modo de ver. Así que antes de escribir una respuesta para usted, pensé en repasar el cuestionario que le hice como condición a su petición. Allí, cuando le pregunté qué desayunaba comúnmente, usted me respondió: un flan de vainilla con un golpe de nuez moscada. Un amigo común me ha jurado por lo más sagrado que usted desayuna cada día callos con bourbon. Además, a mi pregunta "¿cómo le gustaría ganarse la vida?", usted respondió: "como pastor o como militar". Bien, pues, tras repasar su cuestionario, creo que la entrevista puede sufrir un nuevo parón. Verá Dr., su pregunta me afecta de manera incomprensible. Sé que es absurdo, pero no puedo evitarlo. Es como el vértigo. "¿Reza usted antes de dormir?"…No sé que contestarle, Doctor. Si fuese usted Ludelino Lavilla lo sabría perfectísimamente. Pero a usted, Dr. Lucer…¿por qué demonios querrá usted ser pastor o militar, vamos a ver?. Fíjese en Elías. Si usted fuese tan de pueblo como Elías, yo podría contestarle de 8 maneras distintas…perdón, de 7, por que ahora me acuerdo que en el cuestionario me confesó que los calcetines blancos le `ponen´, especialmente en las mujeres. En cualquier caso, no es usted Elías y por desgracia no tengo respuesta para usted. Sí, ya sé que es muy importante para la comprensión de mi androginia expresiva como actor-espectador. Pero es que, créame, no puedo responderle. Algo me lo impide. No le miento si le digo que tengo 78 respuestas diferentes para esta pregunta, pero ninguna para el Dr. lucer. No, Dr.; ni una sola le sirve. Aún le diré más; conozco a 2 ó 3 personas a las que por su talante no me importaría darles cualquiera de las 78 respuestas. 2 ó 3 personas pueden parecerle pocas, pero teniendo en cuenta mis recelos, es una cifra más que notable. !Pero es que lo suyo con el pastoreo y las milicias…! .

En fin, de algún modo u otro tendré que responder a su pregunta, si ése es su deseo. Sí, ya sé que por cortesía usted renunciaría a saber qué hago antes de dormir. Pero yo sé que su curiosidad es mayor que su cortesía, y que en estos momentos, todo lo que le he contado en la entrevista ha perdido su interés, al punto que usted lo olvidaría todo con tal de saber si rezo o no rezo antes de irme a dormir. Así que no se preocupe, por que pienso decírselo. Además, cuando un hombre al que le `ponen´ los calcetines blancos hace una pregunta, es que tiene algún motivo poderoso para hacerla. Pero para poder saciar su curiosidad, yo necesitaría, y se lo repetiré por subrayado, necesitaría saber si usted desayuna callos con bourbon. También hay algunas cuestiones que me gustaría precisar, por lo que vuelvo a enviarle mi cuestionario, ligeramente modificado, para que usted responda definitivamente a la cuestión de su desayuno. También quisiera cambiar algunas preguntas del original, concretamente la 17 y la 24, relativas a su sentido del humor. Especialmente me interesa la 24, "¿aguanta usted las bromas?", en el original, y que yo he reemplazado por: "¿sabe usted distinguir una broma de lo que no lo es?" ¡Ah!, y que matice un poco más las que van de la 12 a la 15, si no le importa"

Suyo, siempre ION TICHY

Al poco recibí su respuesta. Era difícil de leer, en sentido literal. Las palabras se desplazaban ordenadamente a través de una partitura de Fats Waller, con muchas semifusas que se confundían con la grafía, produciendo en el lector una desagradable sensación de mareo-ragtime. Allí, Lucer, muy gentilmente, matizaba las cuestiones 12,13,14 y 15. Sin embargo, de la 17 y la 24, que yo había reformulado con toda la intención del mundo, el Doctor no comentaba absolutamente nada. Eso sí, respondió a todas las preguntas nuevas. Bueno, a todas menos una; la de su desayuno. Apelaba a motivos de orden escatológico.

Le envié una carta bomba, con la espoleta retardada, y con un aviso previo. Fue la idea más brillante que tuve para subsanar la ausencia de la respuesta 24. Este era el contenido de la misma:

"Inseparable Lucer: sus respuestas a mi cuestionario revisado, me han servido de mucho para forjarme una idea de usted, desde otra perspectiva. Tanto me han servido, que he decidido ponerme de inmediato a pensar una 79ª respuesta al endiablado asunto de la oración íntima antes de dormir. Tengo la esperanza de lograrlo, aunque no es fácil que salga. Eso sin contar que aún en el supuesto de que me salga, luego hace falta que le sirva. Estoy en ello. En cuanto dé con ella se lo hago saber, pues tengo casi más ganas que usted de acabar por fin la entrevista dichosa. ¡Ah!, y no se preocupe por lo de los callos. Entiendo su resquemor. Considero que es una cuestión perfectamente prescindible, y no creo que dificulte mi labor.

Esto es una carta bomba que se autodestruirá en 10 minutos"

Pensé que 10 minutos de reflexión serían suficientes para que una mente brillante como la del Dr. Lucer dedujera que aquello no era una broma, y que, efectivamente, iba a explotar.

No me equivoqué, para suerte del prestigioso médico, y no sé si para desgracia mía.

Cuatro días después le envié otra misiva, en la confianza de que Lucer no sería a estas horas un montón esparcido de masa encefálica, tejidos desgarrados, astillas de hueso, vísceras y pelo chamuscado. Para la ocasión utilicé un papel satinado, muy propicio para absorber la tinta, uno de esos papeles raros que ya sólo usan algunos nostálgicos de la literatura epistolar. El borde del papel es atravesado por una franja de goma pegadiza que esconde una diminuta bolsita llena de esencias, que se desprenden al desdoblar el papel, para delicia de la enamorada enajenada. Yo, en este caso, vacié la bolsita y la rellené con zotal.

"! Lucer, ya lo tengo ¡. Me disculpará si he tardado un poco, pero comprenda que no ha sido sencillo. No he perdido el tiempo, Lucer. De hecho, nada más enviarle mi anterior sobre, me puse a darle vueltas al asunto. Pasé la noche en vela. Hasta se me ocurrieron dos respuestas más a esa dichosa pregunta. Pero para nuestra desgracia, ni la solución nº 80, ni la que hacía 81 atenuaban mis reparos a decirle si rezo todas las noches antes de dormir…

Luego dos días en blanco… Hasta que ayer, ¡Aleluya!, encontré le 82. Puede usted descansar tranquilo. Debería sentirse especialmente contento, ya que la 82 es una respuesta que le sirve a usted, y `sólo a usted´. De hecho, yo no le respondería así a ningún otro ser humano. Estamos de enhorabuena, Lucer. Ahora bien, para responderle tal y como he decidido hacerlo, resultará indispensable: 1º) que varíe levemente mi entrevista, justo en la famosa cuestión del ajedrez y sus nefastas consecuencias, añadiendo la "liquidifación espermática" y el "resecor de los humores básicos"; y 2º) que suprima por entero la pregunta nª 1, así como su réplica y mi contraréplica. Con eso bastará."

Le hago partícipe de mis afectos ION TICHY

"Ilustre Sr. Tichy --me contestaba en un papel vegetal lleno de manchas y que olía a sardinas enlatadas --celebro que su denuedo haya dado sus frutos. Gracias a Dios este exquisito pastel tendrá al fin la guinda que merece. Sepa que no tengo el menor inconveniente en añadir esas dos perniciosas respuestas que todo somatismo bien armonizado produce ante la agresión de un tablero repleto de vectores inasequibles. A mí también me gusta más con este añadido. En lo que se refiere a la pregunta nº 1, no puedo ceder a sus deseos. Suprimir esa cuestión sería intolerable. Lo que en ella dice usted es brillantísino, y muy en especial su distinción Sujeto/Objeto, en relación a los juicios sobre la existencia de las cosas. Pienso que no debería importarle que esa pregunta figurara completa, incluída la contraréplica. Es una cita de incalculable valor, etc, etc, etc…Espero, pues, su inmediata aprobación, en la que espero sea su última carta. Y naturalmente, que en ella sacíe usted mi curiosidad, contándome si reza o no reza antes de irse a dormir"

Para lo que disponga LUCER


Y me dispuse a redactar la nota, que en verdad iba a ser la definitiva.

"Hermano Lucifer: agradezco infinitamente su abnegada entrega y su interés por complacerme. Aplaudo que comparta mis opiniones sobre ese desquiciante juego, importado directamente desde el infierno por Satán en persona. En relación a la pregunta nº 1 tengo que serle sincero. No comparto su opinión, aunque la respeto y comprendo que desee usted incluírla bajo cualquier concepto. Supuso usted bien al pensar que su inclusión no sería un obstáculo insalvable. Así que no pienso insistir más. Si le propuse eludir la citada respuesta fue sólo por que me pareció una buena idea para mayor eficacia de mi respuesta 82, única que me sirve ante un sujeto de su calaña, pero nada más. La pregunta nº 1 saldrá íntegra, sea. Pero si la pregunta nº 1 sale íntegra, no me quedará más remedio que exigirle que me diga usted si es cierto lo de los callos con bourbon"

Su fiel escudero ION TICHY


No sé si por que el Doctor había perdido la paciencia, o por que tenía las yemas de sus dedos llenas de sarpullidos, el caso es que su siguiente mensaje me llegó por vía telefónica.

--¡ALO!, Tichy al aparato.

--Tichy, soy Lucer. --su voz se parecía extraordinariamente a su letra.

--¡Hombre camarada!, se le saluda efusivamente. --le dije con aires festivos, para enmascarar las sospechas de mi ánimo. Lucer parecía alterado. Hablaba deprisa y con un halo de enojo en su entonación.

--Tichy, tenemos que solucionar esto cuanto antes. Veo que insiste usted en escrutar las entretelas de mi almuerzo. Ya le dije que me negaba en rotundo a sumergirme en la escatología gratuita. Usted me entendió cuando me excusé la primera vez, y no comprendo a cuento de qué persevera en remover mi parte más morbosa. Le llamo para decirle que de ninguna manera le diré en qué consiste mi desayuno. Y no insista, por que no hay más que hablar.

--Bueno, --le contesté con el mayor aplomo del que fui capaz. --pues entonces se suprime la pregunta nº 1.

--¡Ah, no!, ¡eso sí que no!. La pregunta nº 1 no se quita.

--Pues tendrá que confesarme lo de su desayuno.

--¡Eso ni pensarlo! --La conversación fue subiendo de tono. --Mis ingestas quedan al amparo de mi privacidad. Si lo desea, pregúnteme otra cosa.

--No puede ser otra cosa.

--¿Es que no hay ningún otro rasgo de mi conducta que merezca su atención?

--¡Oh, sí!, muchos. Pero éste es el único que liberaría la vergüenza que sentiré si contesto a su pregunta nº 1, con mi respuesta nº 82.

--¡Pues eso es innegociable.!

--¡Pues la entrevista no verá luz.!

--!Vamos, Tichy!, no sea terco. Le estoy ofreciendo la posibilidad de que me pregunte usted cualquier otra cosa. La que quiera. Yo me obligo a contestarla, sea cuál sea. No puede quejarse del trato. Tiene usted una magnífica oportunidad para escarbar en mi psique lanzándome una de esas capciosas preguntas que tanto le gratifican. Le doy todo el tiempo del mundo. Piénsesela bien.

--Ya la he pensado --contesté al momento.

--¿Y bien?

--Pues verá, Dr. Lucer, si su desayuno va a seguir siendo un misterio para mí, me gustaría que, en ese caso, tuviese la amabilidad de decirme si reza usted antes de dormir.

--!De ningún modo! --replicó alteradísimo. --Y además, déjeme decirle que es usted un thaúr, Tichy. Esto ha sido un golpe bajo.

--Pero usted me dio libertad para preguntarle…

-- !Ya lo sé!,!pero es obvio que usted no puede preguntarme precisamente esto!.

--¿Prefiere entonces lo de su desayuno?

--!No juegue más con mi paciencia, Tichy!. Lo de los callos es Top Secret. Y si la alternativa de usted se resume en que yo le diga si rezo antes de dormir, no puedo aceptarla. Para que yo le contestara, primero tendría usted que decirme si reza antes de dormir.

--Pero Lucer, usted se comprometió a responder a mi nueva pregunta.

--!Y se la responderé!. Pero usted primero.

--No, usted primero.

--!No!, !usted!

Y de este modo, el uno por el otro, y el otro por el uno, acabamos peleados.

Procuré olvidar esta pesadilla lo más rápido que pude. Me costó una semana de sueño, un pequeño desequilibrio en mi sistema neuromotor, alteraciones hormonales y una erupción subcutánea en la zona umbilicar. Pero lo logré.

Hasta que la pasada semana descubrí, lleno de estupor, que mi entrevista había sido publicada en la Red. Atenué mi coraje a base de infusiones de mate y ortigas. Y planeé mi venganza…

Sí, soy un ser vengativo, lo reconozco. Pero a mí me gusta la venganza en caliente. Practicada con frialdad y distanciamiento me parece un acción digna de la mayor de las repulsas. Sin embargo, la venganza reactiva hace que nos reencontremos por un instante con el lado más infantil de nuestro espíritu. Mi venganza fue, pues, como la venganza de un niño; instantánea, directa, equitativa. Y es por esta razón, que he decidido reproducir en estas páginas el cuestionario que le envié al doctor, como condición imperativa para que la entrevista llegara a buen puerto. En él, figuran algunas respuestas que el propio Lucer se encargaría de ir matizando durante estos tres largos y penosos meses. Yo lo he reproducido tal y como me ha venido en gana, siguiendo las directrices de mi querido doctor, prócer de nuestro tiempo, gran esperanza blanca de la frenología moderna y pilar fundamental de la moralidad en occidente.

Me perdonará el lector, haber caído tan bajo.

ION TICHY; lunático.

 

CUESTIONARIO DE ION TICHY AL DR. LUCER

 

  1. Preferiría haberse enamorado de:
  2. -a) Mdme. Bovary

    -b) Colomba

    -c) Lola Montes

    -d) Maitechu Azcoitia

    Descartada la d, admito que la c es muy tentadora, si quisiera que rompiesen mi corazón para luego desparramarlo por algún desierto, pero no soy tan romántico. La posibilidad a sería perfecta si el proporcionarle experiencias excitantes a una burguesa aburrida me excitase a mí. Así qué, puestos a arruinarme la vida enamorándome, la b:- Colomba, abandónelo todo y cásese conmigo antes de que convierta mi vida en un absoluto desastre.

  3. ¿Sabe dibujar un hipocampo con los ojos cerrados?
  4. Por supuesto. Le confiaré un secreto, que no dudo sabrá guardar. El motivo de que la caligrafía de todos los médicos sea ininteligible se debe a que es condición "sine qua non" que sepan dibujar un hipocampo con los ojos cerrados, obviamente este ejercicio produce un deterioro síquico grave, la experiencia es tan traumática que cuando se ven obligados a escribir se apodera de ellos un temblor irrefrenable (tembleque). Todo esto empezó como una novatada y con los años se ha convertido en una tradición.

  5. ¿Elija entre quedarse sordo o ciego?
  6. Ciego. Es preferible ir ciego a no enterarse. Bromas a parte, no concibo mi vida sin la música, y quien sabe si podría ganarme la vida dibujando hipocampos.

  7. ¿Es la violencia una medicina moral?
  8. Me remito a Santayana "Una buena manera de probar el calibre de una filosofía es preguntar lo que piensa acerca de la muerte". Y ya sabemos a que conduce una sobredosis de moral: a la muerte del "alma/razón". La violencia, cuando es producto de una muerte de la " razón/alma" (me atrevería a decir que es así en el 90% de los casos) y se justifica moralmente estamos ante un uso perverso de la medicina ya que convierte ésta en medicamento. La violencia intelectual (no confundir nunca con agresividad) Bravo!!!(esto lo añado yo. TICHY). , sin merma de la "voluntad" no conduce a la sobredosis accidental. De todas formas algunos principios morales pueden resultar seriamente dañados. Entrecomillo "alma/razón" y "voluntad" para evitar los malos entendidos que suelen producirse a la que aparece la moral. Comprendo que no todo el mundo comparta la idea de que moral, razón, alma, sentimientos, sueños…son esa cosa física que es el individuo.

  9. Dígame su nº preferido entre el 1783 y 63.001
  10. He perdido la cuenta de las entrevistas, formularios y cuestionarios a los que he respondido y había perdido la esperanza de que me hiciesen esta pregunta pero seguía obsesionado; decidí olvidarme definitivamente de la pregunta y del número; no fue fácil (todos esos años de vana espera, la angustia cada vez que era entrevistado…) pero lo conseguí . He ingerido dosis masivas de memoflash-forte y he conseguido recordar que mí número preferido entre el 1783 y el 63001 es el 1845.

     

  11. Titule ficticiamente alguna obra de
  12. -San Mateo (evangelista), "Menudo Cristo se armó en Belén"

    -Gunter Grass, "Mariscada"

    -Enid Blyton, "Los cinco viajan a South Park"

    -Max Aub, "La tautología, las mulas y Traum"

    -Rainer Maria Rilke, "Manual del perfecto héroe romántico"

    -Stanislaw Lem, "Memorias de un banderillero"

    7- ¿A quién atribuiría las siguiente obras ficticias?

    -Robi, Tobi y el Aerogüatutú -Josep Plà

    -¡Que bonito es el amor! -Sacher Masoch

    -Orlando curioso -Anónimo

    -El uñero -Samuel Beckett

    -La madre de todas las vergas -Encíclica Papal

    -Milagros "La garcera", y un hombre de Cleveland -Mark Twain / Jardiel poncela (relato publicado por entregas en el Daily Mirror)

  13. Todos estamos marcados por una pesadilla de infancia, que suele repetirse a lo largo de nuestra vida. Si pudiese elegir ¿qué pesadilla le gustaría que fuese la suya?

No sabía que todos estuviésemos marcados por una pesadilla de infancia, ahora comprendo algunas cosas; la verdad es que puestos a escoger una pesadilla que me marcase desde la infancia la primera que se me ocurre es: Un ser horrible monta una serie de escenas de ultraviolencia en las que me veo involucrado, tanto, que acabo sumándome a la "fiesta" muy a mi pesar.

9- ¿Y qué pesadilla cree que me pega más?

No le conozco lo suficiente como para saber que pesadilla le pega más, de todas formas he podido apreciar que es Vd. un tanto excéntrico. A ver qué le parece ésta: -Se encuentra frente a un Ser que no cesa de hacerle preguntas, como si del juicio final se tratase, a las que desde su inocente puerilidad no puede responder.

10- Invéntese tres palabras

Iagsi. Mnsi. Todófago. Apostancia.

11- ¿Hipócrates o Galeno?

Hipócrates.

Hipócrates y Galeno. Uno es consecuencia del otro.

No tengo nada en contra del que fue médico personal de Marco Aurelio, al que por cierto recetaba tríacas, (mezcla de opio y dos elementos más).

Hipócrates o la medicina hipocrática representa la cristalización de las enseñanzas de Ascelpio. En la Grecia arcaica la principal institución terapéutica son los templos de Ascelpio, atendidos por médicos sacerdotes. El sentido corporativo de los médicos, su sentido de casta, estará presente hasta nuestros días. El avance que representa Hipócrates y su escuela consiste en separar la práctica de la medicina de la magia. Obviamente no pierde su sentido corporativo, recuerde su famoso juramento, pero la enfermedad ya no es cuestión del capricho de los dioses (Dios ha muerto) y es el médico quien dictamina la terapia a seguir, en base a sus conocimientos y sin depreciar las prácticas "mágicas". Hipócrates intenta racionalizar toda una serie de prácticas y conocimientos, que hasta el momento están dispersos; de hecho, estaban dispersos. Ahora están perdidos.

El gran aporte de Galeno es el primer intento de lo que hoy conocemos como Vademécum. Es el principio de la farmacia, un intento de clasificación. También es el principio del monopolio que hoy representa la industria farmacéutica. Me parece injusto achacar a Galeno el hecho de que hoy en día sean los médicos los únicos que puedan recetar, pero no se puede negar que si bien Hipócrates es el "principio", Galeno es "el principio del fin".

No se puede olvidar que el "arte de la curación" no era coto privado de los seguidores de una u otra escuela. Convivían sanadores, magos, y todo tipo de individuos que de una u otra manera "curaban"; por lo tanto sólo podían adquirir prestigio siendo mejores que sus competidores, ya que el ciudadano tenía total libertad a la hora de escoger a su sanador.

La utilización de substancias que hoy son consideradas, como "drogas ilegales", era una práctica común y era la correcta administración de la dosis lo que daba crédito al médico frente a sus competidores.

Galeno creó la tríaca mágica, cuya proporción de opio alcanzó el 40%, el fármaco fue empleado como terapia agónica y eutanásico por Nerva, Trajano, Adriano y Caracalla, entre otros. Es con Galeno que el opio alcanza su consagración terapéutica.

Otra de las coincidencias entre Hipócartes y Galeno fueron sus visitas al templo de Imhotep, en Menfis, con el objetivo de familiarizarse sobre toda suerte de drogas, y una más: durante la Edad Media, en pleno proceso inquisitorial, las enseñanzas de ambos fueron, cómo no, condenadas.

12- ¿Son las guerras medicamentos para el espíritu?

No. Definitivamente no.

13- ¿El médico es un lobo para el hombre?

El Médico es un predador implacable, y no hay que olvidar que él mismo también es hombre.

Si está interesado en mi opinión acerca de los médicos puede leer mi artículo 004 "La medicina, los médicos…". En cualquier caso manténgase alejado de ellos, tanto de los "oficiales" como de los llamados alternativos. Cuando se trata de arreglos del tipo mecánico (roturas, cortes…), sí que es recomendable acudir a uno, de la misma forma que para arreglar unos zapatos es aconsejable acudir a un zapatero, a ser posible de confianza; la diferencia entre uno y otro es que el zapatero no le dirá cómo, ni por donde tiene que andar y por supuesto, en el caso de que se atreva, no se lo dirá con aire de suficiencia ni le cobrará por su recomendación.

 

14- ¿Qué órgano considera mas importante para el bienestar de las personas?

El corazón

El cerebro

La pituitaria

La pituitaria.

Me explico: Obviamente dependerá de lo que consideremos bienestar. Si, por ejemplo, se tratase del "Welfare state" sería el cerebro el órgano mas importante. Si consideramos que el bienestar es un estado en el cuál la persona se siente en paz consigo misma y su entorno, será la pituitaria el órgano más importante. Consideremos estos órganos por separado:

El corazón: "Sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena"; quiero decir con esto que por lo que respecta a los órganos, tenemos conciencia de ellos cuando "suenan". Si tiene noticias de su corazón no serán del tipo: "-Oh! Que bien que late mi corazón hoy"; más bien exclamará: -Joder, que pinchazo!. El corazón es un músculo que funciona solo y al igual que el hígado o los riñones, mejor no saber ni donde está. Si lo que hacemos es asociarlo al amor, puede conducirnos a un lío monumental, y acabar por los cerros de Úbeda. En cualquier caso, sentirse amado depende de corazones ajenos. Amar es fácil, cualquiera se ama a si mismo; lo verdaderamente difícil es sentirse amado por otro.

El cerebro: Es un órgano necesario, fundamental si quiere, pero no importante para el bienestar, de hecho es un estorbo. Considerado como órgano pensante, si es que eso es así (conozco a un individuo que sostiene que piensa con la rodilla, otro que sitúa el alma en la misma articulación, y hay quién piensa con los pies), no se puede negar su capacidad para proporcionar bienestar, ya que un cerebro bien adiestrado es capaz de transformar una sensación claramente desagradable en tolerable, pero la capacidad de autoengaño tiene sus límites e inconvenientes; no se puede confiar en un órgano cuyo principal aporte al bienestar es proporcional a su capacidad de engaño; además ¿qué ocurre si, por lo que sea, la persona piensa y se da cuenta del engaño?, ¿qué opción queda?, ¿la lobotomía?.

La pituitaria sí es un órgano verdaderamente importante para el bienestar del individuo, ya que es un órgano de placer. Por otro lado, al tratarse de un órgano muy instintivo, es una especie de brújula interior, a la que se debería hacer mas caso. Recuerde frases como: "-Esto no me huele bien", "-Me da en la nariz que…".

A modo de conclusión podríamos decir que la pituitaria no engaña. Como mucho se le puede engañar; algunos cocineros son verdaderos especialistas.

15- ¿Qué legalizaría primero, la eutanasia pasiva, la eutanasia activa, o el asesinato?

Preferiría no tener que legalizar nada. La eutanasia, tanto la activa como la pasiva, no siempre ha sido criminalizada y asociarla al asesinato me parece un tanto perverso. Legalizarla sería un acto que demostraría cierto respeto para con la vida y la voluntad del individuo; el asesinato ya está legalizado en algunos supuestos (la pena capital, las guerras). Y como no quiero ser insincero le diré que estoy del todo incapacitado para legislar y no puedo entender como alguien se puede arrogar el derecho de juzgar a otro.

16- Recomiéndeme una droga (Para mi uso personal)

Toda substancia es susceptible de convertirse en droga, y todos los mamíferos somos drogadictos; así que cualquiera que le proporcione bienestar es recomendable. No le recomiendo el trabajo, aunque le guste, y en cualquier caso evite cualquier droga que le esclavice. Por muy obvio que parezca cada situación "tiene" su droga, dependiendo del individuo. De todas formas le recomendaré tres:

Datura Aurea: -En infusión, sin riesgo de adicción, de efectos alucinógenos y muy potente, debe tomarla acompañado por alguien que la conozca y de su total confianza.

Sativa: -Existen muchas variedades, los riesgos de adicción son más que aceptables, puede comprobar los efectos del THC por si mismo, empiece por dosis mínimas y auméntelas si quiere potenciarlos.

Papaver: -Existen muchas variedades. Desgraciadamente es difícil adquirirla; en ningún caso pruebe las versiones sintéticas que ofrece el mercado negro ya que se encontrará con productos sumamente adulterados y de poca fiabilidad.

Quedo a su entera disposición en el caso de que desee profundizar más en el mundo de las drogas.

17- ¿Teme a Malthus?

"Desconozco el miedo", sería una respuesta del todo inelegante e insincera.

Temo mucho más a su mentor, Adam Smith; pero lo verdaderamente temible no es Malthus, si no su descendencia, en especial Keynes.

Confío, espero y deseo que esta respuesta le resulte satisfactoria, y deje de atormentarme con preguntas que me suponen un serio deterioro psíquico. No creo que sea necesario. Comprendo que antes de responder a las preguntas de la entrevista necesite hacerse una idea de quién se las hace; le aseguro que entre el Welfare State y Psico Terror no veo muchas diferencias.

18- ¿Cree que existe alguna diferencia, por pequeña que sea, entre la licantropía, y el alcoholismo agudo?

Desconozco si ya existe un estudio definitivo al respecto. No me ha sido posible encontrar diferencia alguna y no soy el único. Se han dado casos en los que se ha matado a un alcohólico, en estado de crisis aguda, al confundirlo con un licántropo y viceversa. Confío, espero y deseo, que efectivamente sí exista una diferencia… por pequeña que sea.

19- Quiero su opinión como médico: Con buena polla bien se folla.

Como médico no acostumbro a contradecir al refranero.

20- Ha confiado alguna vez en el criterio de un salmón

No me he visto jamás en la situación de tener que remontar un río a contracorriente para perpetuarme y no sé si puedo confiar , (yo me fío de las apariencias, de qué si no, y no distingo muy bien un salmón de otro), pero nunca pondría en duda su criterio. Al igual que la Fe ciega , es algo muy personal.

21- ¿De pequeño, qué quería ser de mayor?

Pastor o militar.

22- ¿Qué haría con 100 Millones de $.?

Olvidarme de ellos.

 

23- ¿Que haría si una mañana se encontrara con que todo su capital se reduce a 100 ptas.?

La última vez que me pasó me las gasté en sellos.

24- ¿Soporta bien las bromas?

Mi aguante es proporcional a su peso.

25- Pregúntese algo (no se conteste por favor)

¿Para qué?

26- ¿Cabeza de ratón o cola de león?

Hasta el rabo todo es toro.

27- ¿Qué cree que urge mas inventar?

El árbol de la limonada.

28- ¿Qué desayuna habitualmente?

Un flan de vainilla con un golpe de nuez moscada.

 

Apéndice, "preguntas añadidas"

-Dígame algo que, inconcebiblemente para Vd., le haga reír.

Los choques y las muertes accidentales (especialmente en un quirófano).

-¿Cree conveniente que se reinstauren los duelos?

Sí, siempre que se cumplan unas normas estrictas e inquebrantables, a saber: que se utilicen pistolas de duelo americanas de 1830 Auténticas!. La distancia entre los duelistas será de 20 pasos, espalda contra espalda. Los únicos testigos serán: los padrinos, el médico y la persona, elegida por los padrinos que actuará como juez. En ningún caso se repetirá el duelo y nadie, exceptuando el médico, sacará beneficio económico alguno de tan ridículo proceder.

-Si ha tenido la oportunidad de ver alguna película de María Leal dígame su preferida.

Mínima Inmoralia , tuve la grandísima suerte de que un amigo, director de fotografía, realizase un pase privado . Y ya que me lo pregunta le diré que, como ocurre con Sade, es mas interesante su vida que su obra. De sus películas sólo he podido ver Mínima Inmoralia y la impagable adaptación de la novela de Italo Calvino "El barón rampante".

-Complete las siguientes frases

  1. Yo…
  2. Tal es la bulba, que
  3. Casi sin saberlo, en Moldavia la ignota, un veterinario morfinómano…
  4. ¡Antihistamínicos!, la panacea…

  1. … no soy
  2. … ni el mismísimo Príapo en pleno candor osaría, siquiera rozarla.
  3. … curó a un alcohólico sumido en una crisis aguda, creyendo que salvaba a un licántropo.
  4. … ,la bicoca, se acabó el rascar y frotar hasta desollarse.

 

 

-Comience las siguientes frases

a)…yo.

b)…oreja, rabo y vuelta al ruedo.

c)…así será. Confiemos. Por mi bien.

d)…descubrí la maledicencia circunspecta de aquel espárrago con ovarios que me habían presentado como modelo de virtud.

f)…etc., etc y etcétera.

a) Soy, sé como soy, se por qué soy así… pero no puedo afirmar que sea…

b) Triste es su destino y triste su gloria; …

c) Todas las mentiras que ese pretendido modelo de virtud ha vertido sobre mi persona se desvanecerán; …

d) Gracias a su, no suficientemente bien disimulada cojera…

f) Y así ad nauseam,…

Internet, 2001, en la canícula final

Dr. LUCER