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Hacer de la vida.

 

Pórtico Luna

La semana pasada T.H.C., que insiste en que no mencione su nombre, (no obstante, los que como yo comparten su amistad o hayan leído el primer artículo que escribí para este portal, reconocerán sus iniciales, algo que no le importará) nos invitó a cenar a su casa a unos cuantos amigos. Nos preparó las primeras setas de la temporada, no me alargaré describiéndoles los platos uno por uno y no es por falta de ganas; el universo micológico se merece un artículo a parte.

Una cena agradable predispone a uno de los mayores placeres: la conversación. Como no podía ser de otra manera acabamos hablando de los impactos: el fundamentalismo y Cartman.

J.C. nos ilustró a cerca de una cultura, de la cual soy un ignorante profundo, y mostró su profunda indignación ante la cantidad de individuos que se permiten hablar del mundo árabe-musulmán sin ni siquiera conocer el idioma e incluso sin saber quién fue Al Jahez. Le pedí que escribiese un artículo sobre el tema, y me emplazó a que recomendase la lectura de "La cultura de los árabes" por Ikram Antaki, y eso hago. De todas formas la figura de Al Jahez me impresionó lo suficiente como para dedicarle un merecido recordatorio:

Vivió en el S.IX y está considerado "la más poderosa personalidad intelectual de que tuvieron jamás". Hijo de esclavos libertos nació en Basra. Su época esta considerada como la de mayor esplendor cultural. Entre otros avances, se lleva a cabo una política de traducciones que pone en contacto a la cultura árabe con los antiguos y los clásicos griegos, gracias a los cristianos sirios y los emperadores de Bizancio principalmente. Platón, Aristóteles, Hipócrates, Galeno, Euclides, Ptolomeo, etcétera. Al Jahez tiene acceso a ellos gracias a esta política (y nosotros en gran parte), y lo aprovecha. Escribe 200 libros. Su obra es tan interesante como su vida y no es mi intención resumir ninguna de ambas, tan solo recordar una cultura cuya influencia ha sido más que positiva, y tal vez despertar cierto interés por ella.

La situación actual interna, se debe en gran parte, por un lado a la caída en 1924 del califato Turco, su último gran referente, y por supuesto al fundamentalismo; basado en una lectura prácticamente ancestral del Corán, es decir no se trata tanto de una interpretación del mismo como de una aplicación casi literal (recordemos que el Corán es Ley). Curiosamente el fundamentalismo Católico también hace una lectura literal de los distintos libros de la Biblia, en ambos casos se trata de un intento de vuelta a las raíces, a las fuentes. Esto coincide con un hecho: la prácticamente nula capacidad crítica del individuo. Unos por falta de información, los otros por una sobredosis de la misma, que los aturde.

Al Jahez en su camino hacia el conocimiento dice. "Si no poseyéramos los libros en los cuales los antiguos inmortalizaron su deslumbrante sabiduría y en los cuales las vidas pasadas desarrollan frente a nuestros ojos múltiples lecciones de historia; si no tuviéramos acceso a su experiencia, que no nos hubiera alcanzado de otra forma, nuestra propia sabiduría hubiera sido considerablemente reducida y nuestros medios de alcanzar una verdadera perspectiva de las cosas hubieran sido insuficientes."

Dado que nuestra religión nos impide hablar de política y nuestra política es no hablar de religión (ambas pueden arruinar la mejor de las cenas) cambiamos de impacto: CARTMAN.


Al poco tuve que explicar mi nueva devoción. Mis argumentos fueron estos:

Cartman representa unos valores tan elevados como la amistad, la sinceridad, la tolerancia, el amor. Y lo demuestra con sus actos.

Por poner un ejemplo : Cuando se niega a darle un riñón a Kile, de hecho no se niega, sólo pide una cantidad de dinero, y la excusa de que es el único que puede "donárselo" no vale –¡que busquen mas!–; como iba diciendo… ante su negativa ¿qué se les ocurre a sus amigos? ¡¡Robárselo!!. Se lo intentan extraer mientras duerme, con métodos un tanto rudimentarios, a saber: un serrucho y un manual de anatomía. Y como no pueden, ya que Cartman lleva puesta una protección metálica, algo que demuestra su inteligencia superior, le engañan, algo que no demuestra la inteligencia superior de sus amigos, al contrario su mala fe. Después de este suceso Cartman sigue tratando a sus amigos como si nada hubiese pasado. Cartman sabedor de su superioridad tanto moral como intelectual siempre comparte con sus amigos, (uno de ellos judío, con lo que demuestra una tolerancia fuera de lo común, mas aún cuando es él el receptor de su riñón) sus ideas y proyectos, obviamente y como les ocurre a todos los genios… no le hacen caso, y él lejos de amilanarse o intentar convertirse en un líder les envía a la mierda, tal y como es preceptivo, y sigue su camino, es más soporta estoicamente que le llamen gordo.

No hemos de perder de vista que Cartman, Kile, Kenny y Stan son niños, y como les ocurre a la mayoría de los niños (cuyos padres pueden permitírselo) son educados en escuelas, esos lugares donde son recluidos mientras sus progenitores se dedican a sus cosas. Lo recuerdo porque: "los niños y los borrachos siempre dicen la verdad". Por lo que todas las acusaciones de crueldad no son más que la defensa hipócrita de unos adultos que no toleran la verdad; los niños son déspotas, tiranos, disfrutan de la escatología, aman y utilizan las armas que están a su alcance ni mas ni menos.

Cartman es ante todo honesto y sincero; el hecho de que su mascota sea un cerdo dice mucho a su favor. No es precisamente un intelectual (dios nos libre) pero si observamos el nivel medio de sus mayores… miren a su alrededor.

Otro de los motivos por los que considero que Cartman se merece un lugar privilegiado entre los iconos de nuestro tiempo, es su postura ante los "hipis".

Ante todo Keil, Cartman, Stan y Kenny son amigos, ni más ni menos, que no es poco.

Dedico este artículo a James Barrie, ese escocés que nos regaló La Tierra de Nunca Jamás y a todos esos niños que cuando se miran en el espejo no se reconocen en esos rostros ni esos cuerpos que les contienen.

Dr. Lucer