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septiembre 2002

 

Pórtico Luna

Querido van der Linden (antes diario):

El otro dÌa una vecina le comentÛ a mi mujer que tenÌa mucha suerte: seguro que nunca se aburrÌa con un hombre excÈntrico como yo. Detesto que me llamen excÈntrico. Lo que yo me considero es un hombre con imaginaciÛn (y con cierto atractivo entre los quinceaÒeros, pero ese es otro tema). Algunas otras veces me puedo definir como un holandÈs con un peculiar sentido del humor ( y eso que no hago chistes sobre zuecos). Pero nunca me considerarÈ un excÈntrico, entre otras cosas porquÈ no los soporto. Y menos a los excÈntricos premeditados. Me explico. Hay excÈntrico naturales y excÈntricos artificiales, raros forjados espont·neamente y raros pret-’-porter. Ser raro, en nuestra sociedad moderna, es un valor en alza, es un valor positivo. O eso es lo que comentaba la recepcionista que atiende en la consulta del ginecÛlogo de mi mujer. Diferenciarse de los dem·s (esencialmente de los conductores de autob™s), aunque sea por pequeÒas estupideces sin sentido, parece que a mucha gente le reconforta. En el campo de las artes se ve que es una constante diaria. En el de la alta costura, tambiÈn. En cambio, diferenciarse de los dem·s por comportamientos no convencionales yo lo considero dram·tico. M·s que dram·tico, est™pido. Dicen que a los artistas se les puede permitir todo. No estoy de acuerdo: entre otras cosas, por la cantidad inhumana de aprendices de artistas, vividores y violadores que se aprovechan de ello. Creo que el artista de verdad no se preocupa de si es excÈntrico, viste anticonvencional o es estilÌsticamente raro. En definitiva, que no se preocupa de cultivar su rareza porque su peculiaridad es pr·cticamente glandular, o sea, muy propia de su organismo. Eso de cultivar a conciencia la rareza es para gente sin recursos, sin discurso, puros fantoches teatrales o gente con problemas de personalidad. En la sociedad en la que vivimos, que es muy del espect·culo y de la puesta en escena, creo que un artista tiene que vivir una vida maldita y exÛtica, o de ciertos tintes bohemios, para salir en los medios de comunicaciÛn o, al menos, para que le hagan caso los gabinetes de prensa. Pero me parece, querido van der Linden, que esos raros prefabricados, de malditismo de cat·logo o de peculiaridades de diseÒo, distan mucho de tener ingenio o talento. Muchas veces son meras atracciones de feria. Y yo, sinceramente, prefiero a la mujer barbuda.