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desde el balneario Paz y Armonía

 

Pórtico Luna


Aquí me encuentro… confinado en este balneario, contra mí voluntad.

Supongo que a Vd. lector poco le importa el como he llegado a este balneario, que por cierto se llama Paz y Armonía; así que se lo explicaré, tal vez sepa donde se encuentra y pueda rescatarme. Sí, ya se que es triste pedir ayuda pero mas triste, por no decir ridículo, es escapar monte a través con una bata blanca (de las que se atan con unos lacitos a la espalda) por única vestimenta, no me considero un dandy pero aún me queda algo de dignidad, que ya tengo una edad… (una poca) así que por favor: si alguna alma caritativa se decide a rescatarme, que me traiga un chándal y calzado deportivo y drogas muchas drogas y crema solar y un bocadillo de calamares.

Toda historia tiene dos caras, eso dicen, en cualquier caso lo que sí que tiene es un principio. Por arbitrario que le pueda parecer todo empezó el 2 de Enero de 2002 a las 10.30 p.m.

El primer acto consciente del año consiste en dirigirse a la cena que se celebra en casa de T.H.C. el primer Miércoles de Enero, es decir: la cena de año nuevo y que tú lo veas. Allí nos encontrábamos todos los que vivimos y en cierto modo el resto también. Mas que el recuerdo queda la costumbre, por esa razón cuando se suma alguien a nuestra reunión no ocupa el lugar del que no pudo venir, y que tal vez ya no lo pueda hacer nunca más, si no que se le hace un sitio en la mesa. Aquella noche quedaban cinco sitios libres; uno mas que el año anterior.

Total que sugerí que si bien no daba buen fario sentarse en el lugar que ocupó uno que ahora no está, tampoco lo daba estar rodeado de ausencias. Me explico: S.Half por una de aquellas casualidades que le hacen pensar a uno que la vida es una broma de mal gusto, estaba rodeado de ausencias. Los que fueron sus compañeros de mesa, aquellos con los que codo con codo, devoraron, bebieron y tramaron maldades para el bien de todos nosotros, hacía ya tres años que no acudían a la cita, por si esto no fuese suficiente el comensal que habitualmente se sentaba a mi derecha y que tenía enfrente S.Half no se presentó, ni se presentaría… eso pensaba yo.

En un principio éramos siete los comensales que acudimos a la llamada de T.H.C. ahora ya somos quince (ausentes incluidos). Una de la ventajas es que se cocina para quince, comemos diez y bebemos para no olvidar. Es compresible que S.Half rodeado de sus amigos pero con una serie de ausencias interpuestas entre él y el resto se sintiese un tanto aislado, de hecho yo mismo no estaba en una situación mucho mejor (mi izquierda era ocupada desde hacía cuatro años por una ausencia); supongo que fue la sensación de aislamiento lo que nos impulsó a beber por cuatro a un ritmo muy superior a la capacidad de nuestros organismos para metabolizar el alcohol y proponer que se dispusiese de una mesa a parte para los ausentes.

La propuesta no era tan rara. No solo existía un vacío considerable entre nosotros y el resto de los comensales (algo que por si mismo ya dificulta la comunicación) si no que además y de forma excepcional los ausentes o sus ausencias, decidieron expresarse: primero fueron leves movimientos de los tenedores y cuchillos y cucharas, posteriormente fueron las copas y platos los que se animaron (con un estilo muy propio eso no se puede negar)… si hubiese podido matarlos… una vez más, lo hubiese hecho (la excusa de que no tenían práctica no me servía… que hubiesen ensayado sus números antes!), su estilo propio consistía en una serie de números circenses (tipo equilibrios imposibles, que gracia mira lo que hago) acompañados de sicofonías consistentes en pseudo fanfarria taladrante con pretensiones de sucia purria melodiosa. El mal gusto y la inelegancia, la falta de contacto con la realidad no puede considerarse un atenuante, no es tolerable en quién, en algún momento, demostró cierta autoestima por muy muerto que se encuentre.

No era el caso de S.Half (y no creo que pudiese ensayar antes). Su conversación, como siempre, era fluida y sus gestos amables. Un placer en medio de aquella pesadilla circense que nos rodeaba. El artificio, la barbarie, el mal gusto y la inelegancia estaban mas allá; en cierto modo no eran posibles entre nosotros. Desgraciadamente era el único de los presentes que constataba la realidad de S.Half

Rodeado de muertos uno acaba hablando con ellos, sobre todo si tienen estilo propio y una conversación fluida.

Para devolverme a la realidad me han confinado en este remanso de paz y armonía donde se me administra calor humano, afecto y seconal por vía intravenosa. Pero eso no es lo peor, lo peor son las "terapias de refuerzo" tipo "pozo de frustración", que consiguen que añores los tiempos en que la terapia se basaba en el electroshock, a todo esto deben sumarse las breves estancias en celdas de aislamiento para "buscar tu lado oscuro", estas estancias forman parte de la terapia "eres más lobo que hombre" del Profesor Serguei Aldarull.

Desde el despacho del director de este antro su alterado Dr.

10 de febrero 2002