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Extracto de la novela "La Tahuromaquia" (o yo debo ser bobo) de Ion Tichy

 

Pórtico Luna

Mañanita de Santa Tza-Tza, día mundial del cosmético. "Castizo Boulevard" es un hervidero. Disparo un salivazo contra el suelo y enfilo la cuesta Beteta. Perspectiva de la "Gran Avenida de Chejov el ñú". Bombas sobre Sierra Leona y Grano-Verruga II descansando en la Costa Azul. La naturaleza humana es así. Si el homo-erectus hubiera trabajado lo que Grano-Verruga II, la mano humana se habría perdido para siempre y hoy no seria más que un muñón residual. La mano es el órgano principal del hombre. Mano más destreza, igual a técnica; técnica, igual a progreso; progreso, igual a poder; poder, igual a dominio. Pero no cabe la menor duda de que Grano-Verruga II es un hombre del paleolítico. Misterio primero. Eso sin contar con que, en esto, todos somos iguales. Gracias a la moderna Sociología del Trabajo podemos saber hoy el numero de vagos que poblaron la prehistoria. La estadística es abrumadora: 100%. Y cabe preguntarse de qué manera adquirió y perfeccionó el hombre la práctica de los apéndices superiores. Misterio segundo. Resolución del misterio segundo: búsqueda del autoplacer. El onanismo es el motor de la evolución. Grano-Verruga II no ha evolucionado. Además de vago es impotente.

Intuyo el Foro. En el Foro es costumbre discutir. Desde su privilegiada situación, individuos de todas las gamas imaginables lanzan soflamas a favor de cualquier cosa y en contra de todo. También se intercambian pareceres, se elevan al aire protestas inútiles, se anuncian catástrofes o se leen poemas caseros. Fundamentalmente, se diserta. Sobre los tercios de Flandes, sobre la mecánica pendular en los relojeros de Centroeuropa o sobre la levadura más adecuada para subir el bizcocho de Cuaresma. Pasan gentes de todos los confines del mundo. Unos llegan del extremo más apartado; muchos son autóctonos y algunos viven en el Foro. El Foro es en realidad una tarima hexagonal cercada por un parque. Sus zócalos, representativos del arte rusófilo, se elevan un par de metros sobre el suelo.

A la entrada del parque, una colosal estatua recibe al visitante, "Ontólogo ebrio" de Otto Guido Redón, el primer ser humano, en toda la Historia universal del arte, que ha intentado esculpir las convulsiones propias del hipo.

Niños. Chiquillería. Una pelota traza, a patadas, vectores inconcebibles. Niño azul eléctrico, niño robot, niño cerdito y niño que come plástico dulce.

Y trileros. Hay un tipo con aspecto de haber nacido en Nebraska que acaba de perder su última alpargata Sangría económica de un yanque. Edificante. En medio de la pista de patinaje, un punk, entregado a Morfeo, funde su cuerpo en la horizontalidad del cemento. Un caracol recorre su omoplato. Me comería una de esas guindillas importadas directamente del Infierno, pienso yo. Soy un escatólogo de sobremesa, lo confieso: ¡viva el eructo expansivo!.

Con la estupefacción propia de un opiómano contemplo cómo uno de mis antepasados, que fue teniente de húsares, sale bestialmente repelido, tal que en el retroceso de un escopetazo. La mujer omnívora se encara con los dos gemelos, Nosenicómo y Talparacual, con aquel colgajo con trenzas asido a su mano porcuna. O Salcedo, al que la fatalidad le concedió una acémila por esposa, Angustiacaspa, cuya mayor heroicidad consistió en darle siete hijos: Piedad, Maria del Perdón Mútuo, Consuelo, Asunción, Casto, Honesto y Modesto.

Una pareja de clérigos acaloradísimos ameniza el debate mañanero. Uno es balmesiano; no lo puede disimular. El otro, aún seminarista, respeta a Domingo Báñez por encima de todas las cosas. Acaba de unírseles un medievalista que afirma estar doctorado en Lovaina con una tesis sobre Pedro Abelardo. Un estudiante al que le traen sin cuidado aquellas disquisiciones, silba o aplaude a rabiar, según le rote; por llevar la contraria. Convencido de poder llevar las aguas a mi terreno, me alzo hasta la tarima y doy paso a una agria discusión sobre si dos son, o no, multitud.

Y es que debo ser completamente bobo.