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Tráfico de esclavos

 

Pórtico Luna

El Primer Mundo ha conseguido algo de lo que los viejos esclavistas se hubieran asombrado: ha conseguido hacer que los modernos esclavos venidos de tierras extrañas y lejanas vengan por su propio pie, todo un ahorro. El trabajo no ha sido fácil; primero han tenido que crear en esa gente, que era feliz con su vida y lo que sus propios recursos les proporcionaban, la necesidad de querer más. Ahora en todas partes quieren vivir como en este Primer Mundo, todos quieren una casa, una televisión por satélite, estudios para sus hijos, poder ir de viaje. El siguiente paso fue acabar o robar los recursos naturales de esos países, todo cubierto de una absoluta legalidad comercial, y de paso arruinar por completo sus sistemas comerciales. Con ello se consigue que el Tercer Mundo se convierta en un lugar miserable de donde todo el mundo quiere escapara para ir a la tierra prometida, nuestro Primer Mundo.

Y la cosa ha ido en aumento desde el principio; al primer mundo llegan inmigrantes ilegales cada vez en mayor cantidad. Se crea una segunda parte de la miseria: las mafias. Muchas veces formadas por gente de sus propios países, pero con la inestimable y casi secreta colaboración de gente del Primer Mundo. Estas mafias roban a la pobreza. Piden unas cantidades de dinero imposibles bajo la promesa de una vida maravillosa. Vida que normalmente se convierte en un infierno donde todo el trabajo es insuficiente para conseguir pagar las deudas a estas mafias, deudas que no paran de crecer.

Y que es donde interviene la parte final. Primero se crea una más que dudosa necesidad de mano de obra, ya que se dice que la gente del país no quiere o no puede realizar esos trabajos. Pongamos por ejemplo España, casi dos millones de parados. Seguro que muchos de ellos no querrán trabajar en el campo, hacer de camareros, paletas, basureros, etc. ¿Pero, todos?, ¿entre dos millones de parados no se encuentran gente para llenar esos puestos?. Permítanme que lo dude, más bien lo que sucede es que no se encuentra gente que quiera realizar esos trabajos, de por sí penosos, a los sueldos de miseria que se pretenden pagar.

Y aquí es donde llegan nuestro modernos esclavos, con unas deudas terribles o como mínimo con una necesidad imperiosa de ahorrar dinero para poder enviar a sus familias. Además, al ser ilegales, son capaces de aguantar muchas humillaciones para mantenerse en esos puesto de trabajo; perderlos puede significar su expulsión o tener que vivir en la miseria también aquí. Además esta la manipulación de la información; se empieza a hablar de cuántos de estos inmigrantes son delincuentes, de cómo "sólo" con hacer unos días de huelga de hambre consiguen papeles, comida y alojamiento, de mostrar con claridad cómo cada vez hay más. La reacción de la sociedad es clara: como mínimo un rechazo, cuando no un brote de racismo con peores consecuencias. Todo eso consigue que, por si no estaban bastante mal, los inmigrantes se sientan acosados y se organicen en pequeños guetos cerrados, fácilmente manipulables por las mafias correspondientes.

Por si eso fuera poco, en nuestra querida España, esa España mía, esa España nuestra, rizamos el rizo, y nos sacamos de la manga la ley de Extranjería. ¿Ha solucionado algo esa ley?, cualquiera que lea las noticias debería de tener claro que no. La ley no crea unos medios eficaces para terminar con las mafias que proporcionan la entrada en el país a los inmigrantes, con lo cual seguirán llegando a ese ritmo creciente. Tampoco hace que los tramites burocráticos para la legalización se aceleren. Lo que produce, además de las patéticas escenas de las colas de días frente a los edificios de tramitación, el que muchos piensen que entrar de manera ilegal sigue siendo la mejor solución. Y lo que parecía que iba ha ser, lo que se buscaba con esta ley, la expulsión rápida de los ilegales, no es más que otra falacia. La realidad es que si no hay acuerdos de extradición con el país en cuestión no se les puede expulsar, y que dichos acuerdos se están firmando con cuentagotas. Y así tenemos las lamentables imágenes de ese grupo de inmigrantes de Barcelona dando vueltas de un lado a otro, con la policía impidiéndoles permanecer en ningún sitio, pero sin que el Ayuntamiento o la Generalitat les de una solución a su problema.

O sea que uno llega a la conclusión de que esta maravillosa Ley de Extranjería lo único que ha conseguido es que haya más inmigrantes ilegales que antes. ¿Sorprendidos?, eso es porque menosprecian la capacidad de la estructura empresarial del Primer Mundo. Es pura matemática, Trabajador Legal = Trabajador que pide sus Derechos + Sueldo Digno. Eso supone gastos para ellos y para el gobierno (municipal, autonómico y/o Nacional). Trabajador Ilegal = Trabajador Explotado + Salario de Miseria. A mi siempre me han dicho que las matemáticas son una ciencia exacta, y si 2+2 dan 4 por algo será.

Por ultimo, muchos de las gentes de este país, que ahora miran por encima del hombro a los inmigrantes que andan por nuestras calles deberían recordar varias cosas. Para los que menosprecian a los africanos, seria una cura de humildad pensar que según la ciencia la raza humana procede de Africa. Para los que hacen chistes simpáticos sobre esos amarillos, la historia les explica que mientras aquí pasábamos épocas de oscuridad en Asia estaba la cuna de la cultura en el mundo. Para los que dicen que los árabes son unos inadaptados, un simple repaso por muchas de nuestras artes, ciencias y lenguaje, les demostrará como influyeron en ella. Y para los que se ríen con mala baba del acento sudamericano, pensar en que ellos estaban bastante bien hasta que llegamos nosotros allí.

¡Ah, sí! No se olviden de algo, hace solo 30 años, lo que nos íbamos al Primer Mundo a buscar fortuna éramos nosotros, desgraciadamente parece que no aprendimos nada de eso.