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Pesadillas

 

Pórtico Luna

Últimamente sueño cosas terribles. Sueño, por ejemplo, que estoy invitada a la boda de la Rahola y bailo con Joan Clos el "Rossor".
Y tengo sueños aún peores, verdaderas pesadillas. Sueño que soy una adolescente afgana, y me cortan un dedo por haberme pintado las uñas. Sueño que soy un preso condenado a muerte. Que he nacido en un país muy pobre, que cruzo el mar buscando un lugar mejor, y al llegar, me llaman extranjera y se niegan a convivir conmigo.
En vez de atravesar la puerta onírica que lleva a un campo verde, un cielo azul, de repente, me encuentro en una zona hostil donde Harrison Ford gana 4500 millones de pesetas por una película mediocre, donde miles de personas mueren de hambre, donde otras tantas trabajan por un salario ridículo.
Sueño que formo parte de un ministerio y que juego al golf y que veraneo en un yate y me cruzo con una patera en la que viajan apiñadas doscientas personas. Sueño que invento un instrumento de tortura para una cárcel americana.
Luego despierto. Vuelvo a ser yo. Todo eso no me está ocurriendo "realmente", no soy yo quien vive en una pesadilla continua.
Entonces me siento de nuevo como si estuviera soñando, porque allí, como aquí, no puedo controlar el transcurrir de los acontecimientos.
El consejito de belleza de hoy: Que despertemos, que nos demos cuenta de lo espantoso de algunas de las cosas que están pasando. Puede que algún día sacudamos los lechos de los que, desde luego, deberían caer de la cama.

 

Sandra Miralles