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Ánimos para un amigo

 

Pórtico Luna

Este artículo o panfleto se lo quiero dedicar a un amigo, a una de esas personas que, aun siendo muy diferente a mí, me escucha y lo escucho, atentos a las palabras que pronunciamos sin pose ni afectación, sin esa actitud que algunos soplapollas posmodernos llaman proactiva y que por dentro están pensando a ver cuando se va a acabar el rollo que les estamos soltando. Y es que uno es un sentimental bajo este rostro adusto y de pocas gaitas.

Mi camarada, del que no diré el nombre porque no viene a cuento, está un poco quemado, yo diría que achicharrado. Y quién no, viendo como está el patio, la trastienda de la vida donde cada paso que uno da tiene que medirse con pie de rey, poniendo cara de gilipollas cuando sabes que te están tomando el pelo o se te prepara una breve pero intensa enculada. Mi compa es un perro viejo educado en la escuela de la calle, entre borrachos y listillos que se creen que por fumarse un canuto son licenciados en Deusto. Lo he visto, se lo puedo asegurar, salir airoso de situaciones donde yo hubiese cogido el machete para cercenar el cuello a más de uno. Me sabe mal no escuchar su sonrisa atronadora cuando los ninguneadores de turno se han dado la vuelta después de justificar su más que evidente inoperancia. Pero todos tenemos un límite y llegando a él empezamos a expeler un tufillo a azufre que nos chamusca el alma. Yo me puedo identificar con esa sensación de hastío que creo que siente. En ese punto las resistencias y los mecanismos de defensa se quedan un poco maltrechos frente a una situación crónicamente hostil. Me hago cargo de lo difícil que resulta sobrellevar esta gran mierda y como diría Arturín Pérez-Reverter, "la palabra futuro es como para colgársela de los huevos".

Qué le voy a decir a este colega que él no sepa respecto al mundo que nos ha tocado vivir, donde los siempre se quedan fuera, bajo la lluvia, mientras que otros, agazapados, perversos, timoratos, miedosos, malvados, indecisos y trepas, se pelean por una porción del paraguas que sólo les cubre la punta de los zapatos. Estamos, querido hermano, en un mundo absurdo, repleto de mierda. Nacemos y circulamos por él hasta saturados de absurdidades a las que debemos hacer frente con todas las fuerzas que podamos, como seres solitarios en luchas solitarias, pero a la vez solidarios con todos aquellos peones que también, de diversa manera, están en esas mismas guerras, que ya no son las revoluciones perdidas sino pequeños cotos de resistencia donde no resguardamos del frío y la lluvia. Hay infinidad de armas con las que luchar: los amigos pocos y fieles, la familia, un diminuto sueño, quizá un libro, aunque yo sé que lees poco, que sé yo, cualquier asidero para no morir, prematuramente, lleno de tristeza, odio, rencor, hasta el culo de ansiolíticos y antidepresivos made in usa. Luchar y no morir en el intento sería la difícil consigna frente a la estupidez humana ingrata y amenazadora.

Cómo me gustaría que estas sencillas palabras devolvieran la sonrisa que añoro de mi amigo. Si acostumbra a leer estos coñazos de rinconcitos sabrá que los garabatos que éste contiene están hechos en su honor. Si no fuese así, seguro que algunos de ustedes tienen algún conocido al que le puede ir bien leerlo antes de cualquier ingesta de Prozac. Todos ganaremos en salud.