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La medicina, los médicos y Mike

 

Pórtico Luna

Desde que la abreviatura Dr. acompaña a mi nombre han sido muchas las personas que se han dirigido a mí en busca de ayuda y aunque me cueste reconocerlo en algunos casos les he ayudado.

Y todo por una serie de terribles malentendidos producto de asociar Dr. a doctor, doctor a médico, médico a "el que me curará y pondrá fin a mis males" y "el que me curará y pondrá fin a mis males" a salvación; y esto a mi nombre: Lucer, el cual a su vez es asociado a ideas y conceptos tan estrambóticos como: Lucer= Luz, o Lucer=Oscuridad. La abreviatura Dr. lleva, en la mayoría de los casos, hacia una asociación serial: Dr.= Doctor= Médico= Salvación…mientras que mi nombre se presta a asociaciones mucho mas ambiguas y sin una dirección clara lo cual acaba produciendo terribles malentendidos que han llevado a pensar a ciertas mentes candorosas cosas como: el Dr. Lucer es mi salvación.

Algunas personas, que mal me quieren, han hecho correr el bulo de que, en mi juventud, era una persona tremendamente condicionable y que en un rapto de lucidez decidí eliminar todos los condicionantes que dirigían mi vida, y que esto me llevó a suprimir de mi nombre la partícula "if" (obviamente por su significado en inglés), para que mi vida transcurriese incondicionalmente bajo mi voluntad.

Las ideas y conceptos que se asocian a Lucer dependen de la imaginería de cada individuo y es inevitable el malentendido; por el contrario el malentendido que se produce al asociar doctor con: "el que me curará y pondrá fin a mis males" es un caso distinto ya que se basa en la suposición de que un médico cura. Tal vez explicando como Dr. hizo su aparición al lado de Lucer acalle ciertos rumores, sin duda malintencionados.

Me despertaron una serie de ruidos metálicos que reverberaban en las paredes del cráneo como cañonazos. Me incorporé, mientras la mente se hacía sitio en la cabeza; la conciencia aún tardaría en hacerse cargo de la situación, por eso no le di mayor importancia al hecho de estar en un hotel, ni a que los cañonazos los produjese el camarero que traía el desayuno.

—"Buenos días Doctor. Han dejado este sobre para Vd. El capitán desea que se reúna con él en el puente."
—"Gracias…¿tiene una aspirina?"
—"Deberá ir a la enfermería y recetársela… ah, Vds. los médicos siempre de broma…"

¿Broma?, ¿me ha llamado doctor?, ¿esto no es un hotel?, ¿capitán?.

Tras comprobar que estaba en un barco, ver como nos alejábamos de la costa sin que yo pudiese evitarlo y controlar un ataque de pánico intenté recordar la noche anterior.

Había estado cenando con Mike, mi primo. Habían pasado tres años desde la última vez que nos vimos, de manera que teníamos trabajo atrasado: empezamos con vino y debimos acabar con anticongelante a juzgar por las dimensiones de la resaca. Me estuvo hablando acerca del futuro que habían diseñado para él su madre y tío Ed, y de lo poco que le gustaba convertirse en el médico… médico!?!? de la familia. La familia es una trampa, pero cuando la familia se apellida Natas y tu padre (pobre Ed) se ha casado con la hija de Massimo Natas (tu abuelo), pensar en escapar es perder el tiempo. Massimo deseaba lo mejor para su familia; ¿hay algo más noble que desear la felicidad de los tuyos?. Yo siempre me mantuve a una distancia más que prudencial; ya se sabe, cuando un individuo entra en contacto con la familia el tiempo suficiente como para no pasar inadvertido, de una forma u otra acaba vinculado a ella: o bien la familia te debe un favor o bien se lo debes tú a ella, que de hecho es lo mismo. Y a Mike le iban a hacer un gran favor, lo cual equivalía a un contrato indefinido con la familia Natas, como el que contrajo tío Ed tras una noche de amor amnésico; un par de empleados del abuelo Massimo le hicieron el grandísimo favor de refrescarle la memoria meses después.

Mike me recordó que a la familia le encantan las palabras "grandes" palabras con las que poder llenarte la boca mientras haces aspavientos "honor", "respeto".

"—Para poder llenarse la boca con estas palabras, la familia, tuvo que salir de la miseria, ya que cuando se es pobre es prioritario llenar el estómago. El problema lo solucionó Marco Natas, que decidió emigrar y abrir nuevos horizontes a la familia, del que cuentan las malas lenguas que nunca llegó a salir del país. El siguiente paso fue ganarse la respetabilidad. Renato Natas, abuelo de Massimo, repartió generosidad, tanta que hasta le debía un favor el presidente. La devoción de su hijo, Pío Natas, le llevó a deber favores a todos los estamentos de la iglesia, y se los devolvió creando la Santa Fundación dedicada a gestionar los favores de la iglesia, es decir la caridad que da y recibe; a todos los nuevos miembros de la familia y sus allegados se les asociaba automáticamente."

Ser médico no es necesariamente una desgracia, pero ser "el Médico de la Familia Natas" sonaba a maldición. Y lo era; con el tiempo las diferencias entre los distintos miembros de la Santa Fundación se habían exacerbado, para los que dependían de la caridad de la familia y su prioridad seguía siendo llenar el estómago ya no había ninguna posibilidad de integrarse en ella, las fronteras se habían cerrado para ellos y no se les consideraba marginados o excluidos, ya que nunca habían formado parte de ella, "no se les estaba echando". Entre los miembros de honor ocurría lo contrario; cada vez resultaba mas difícil diferenciar entre unos y otros. La antigua división de poderes había quedado obsoleta, el poder ha cambiado de manos, se ha repartido, se ha vuelto a repartir, ha sido sacralizado y bendecido, incluso se llegó a crear la ilusión de devolverlo al pueblo que a su vez lo dejó en usufructo y los depositarios lo vendieron alegando que estaría mejor en otras manos, "manos" que a diferencia de Papas, Reyes, Presidentes, y demás depositarios no tienen rostro ni parlamento ni están sujetos a mecanismos de control efectivos; a no ser que consideremos que su "rostro" es la publicidad, sus órganos de decisión la junta de accionistas mayoritarios, y que el mercado se autoregula. A Massimo Natas un hombre tradicional le gustaba saber a quién se le debía un favor y a quién se le podía reclamar "de forma personal". "—No se puede reclamar nada "de forma personal" a un ente o una empresa, ¡el estado al menos tiene un presidente!."

Mike intentó explicarme su situación: "-Massimo, como todos, ha perdido su cuota de poder, la diferencia es que mientras la mayoría no ha perdido nada, ya que es imposible perder algo que no se posee, y otros la han vendido o alquilado sacando su correspondiente tajada, a él se la han robado, en sus narices, y está cabreado."

"—¿Y a ti como te afecta todo esto?"
"—¿Que como me afecta!, no te das cuenta!?"
"—No."
"—El abuelo…está enfermo, se ha bebido el entendimiento y lo ha vomitado. Tiene una idea, producto del delirio: como cabeza de la familia Natas quiere que sea yo quien ocupe su puesto."

El objetivo de Massimo al nombrar a Mike su sucesor era agrupar de nuevo a la familia entorno a la figura de alguien que pudiese representar a todos los miembros y Mike, por su condición de médico, era el elegido. En su delirio veía a Mike L. Natas envuelto en una pátina de honradez, con su bata blanca y su estetoscopio, representante del hombre que lucha con la muerte a diario, el que ha de liberar a la familia de la tiranía del dolor. En definitiva: su Salvador. Obviamente, no todo se reducía a la mística. Mike podía hacer un favor en nombre de la familia, ya sabemos lo que eso significa, a uno de los nuevos ricos que habían desplazado a la familia de su lugar en la sociedad y que mayor poder había acumulado en los últimos años: la industria farmacéutica.

Abrí el sobre, dentro había una nota:

GRACIAS PRIMO, TE DEBO UN FAVOR.

Me encontraba en el Mater Matuta, como médico de a bordo, de mí dependía la salud de las doscientas sesenta y siete almas que viajaban en el.

Antes de presentarme ante el capitán y asumir mi nueva ocupación cogí el Vademécum que tuvo a bien dejarme Mike. Me dirigí a la enfermería y me receté unas aspirinas.

Ese mismo día Massimo Natas moría en su casa nombrando como sucesor al frente de la familia Natas al Dr. Lucer.

Aún hoy en día me pregunto: ¿Dónde está Mike?