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MTV

 

Pórtico Luna

La Sangre y la Televisión

Un chimpancé orinando sobre la cara de Julia Roberts. Lo ví en un reportaje del Discovery Channel; ya saben, uno de esos documentales sobre vida salvaje presentados por famosos. La Roberts intentó hacerse la graciosa jugueteando con el chimpancé, lo agarró levantándolo sobre su cabeza, y el mico se le meo encima. Todo el glamour, el caché y los guardaespaldas de la mayor estrella de Hollywood no la libraron de verse sometida a una sesión de lluvia dorada simiesca en un programa de televisión. Estoy suscrito a una plataforma digital, que me cuesta 40 euros al mes, y acabo viendo este tipo de cosas. Bueno, eso y la MTV, claro.

El 90% del tiempo, la MTV es una puñetera mierda. Es Alejandro Sanz, Sting y Shakira. Es dos minutos de anuncios cada cuatro clips. Es una sarta de presentadores pijines, vestidos en Top Shop con camisetas y pantalones que les vienen tres tallas pequeños, y sin las menores tablas (vale que tú, éste o aquel no sepais quiénes son Super Furry Animals o Gorky's Cigotic Mincy, pero se supone que el presentador de un reportaje sobre el nuevo rock galés, debería haber memorizado algunos datos más que las medidas de la cantante de los Corrs). La MTV es listas de ventas americanas (todo raperos cabreados, grupos de tías, y punkis de instituto), y listas de ventas inglesas (todo grupos de pop de cuatro niñatos que siempre son presentados como "la banda más grande desde los Smiths", pero que posiblemente el año que viene trabajarán sirviendo hamburguesas). Es censura (pitiditos cada vez que se dice "fuck", difuminados cada vez que algún cantante muestra el dedo central de la mano, advertencias de que "este video está el primero de nuestra lista de peticiones, pero no lo vamos a pasar porque sus contenidos son inapropiados...). Los pocos programas que se salvan, como Alternative Nation o Brand:New, están marginados a las dos de la madrugada, y en su mayoría no ofrecen más que otra maldita ristra de videoclips; la única diferencia es que en vez de La Oreja de Van Gogh y Jamiroquay, salen Sonic Youth y The Avalanches.

Sin embargo, en medio de este panorama de tinieblas y horror que constituye la actual parrilla de programación de la MTV, hay un punto de luz. Se llama Jackass, y con él, lo de "ver para creer" no funciona en absoluto. Yo lo he visto ya tres semanas seguidas, y sigo sin creérmelo.

Jackass (que significa algo parecido a gilipollas) es un programa creado por Spike Jonze, un verdadero zumbado del medio audiovisual, realizador de videoclips surrealistas (seguro que recordarán uno de Fatboy Slim, rodado en video, en el que un grupo de colgados improvisaba una coreografía en unas galerías comerciales), actor ocasional (coprotagonizaba Tres Reyes junto a George Clooney, Ice Cube y Mark Whalberg) y director de películas enfermas ("Cómo ser John Malkovich").

Jackass tiene un equipo variable de seis o siete presentadores. Jhonny Knoxville es el primer espada, y junto a él se despliega una caterva de freaks, anormales, sedimentos sociales y criadores de caspa, entre los que cabe destacar a Bam Margera y Chris Pontius (ambos con una alarmante tendencia a aparecer desnudos, y a protagonizar gags de tono sadomasoquista), Wee-Man (un enano que suele ir vestido de Capitán América), y un gordinflón bastante masivo del que no recuerdo el nombre (pero que acostumbra a formar una excelente pareja de idiotas con el enano Wee Man).

El show se abre con un warning que, traducido a bote pronto, viene a decir algo así como "el siguiente programa muestra actos perpetrados por auténticos gilipollas profesionales. MTV advierte que los espectadores no deben intentar recrear ninguna de las escenas mostradas en este programa. Asimismo, MTV insiste en que los espectadores no envíen grabaciones caseras en las que aparezcan ellos mismos u otras personas haciendo el gilipollas. No visionaremos ninguna de estas grabaciones, así que no pierdan el tiempo." Tras esto aparece la bandera americana ondeando, y la palabra Jackass sobreimpresa en pantalla. A partir de este momento, la vuelta atrás es imposible. El espectador, magnetizado, acaba de comprar un billete de ida para un viaje de apenas media hora por las cloacas del alma humana.

 

Quien se arriesga gana

Los miembros del programa son muy aficionados a retarse entre ellos, a ver quién es más Jackass: se golpean alternativamente con una maza en los huevos (llevan puesta una chichonera, que a juzgar por sus muecas de dolor no ofrece protección suficiente); hacen una competición de comer lombrices; contratan a un profesional de "full contact" para que les dé una somanta de palos (tal cual: ellos se limitan a quedarse quietos mientras les descarga puñetazos en el estómago). En una ocasión, todos los miembros masculinos del programa hicieron un campeonato de masturbación. Se fueron a un hospital de donación de semen, y se dedicaron a hacerse pajas y cronometrarse. A la hora de puntuar se valoraban la rapidez y el volumen de esperma producido, pero también la cantidad de espermatozoides que incluía la lefa de cada cual (un médico del centro las analizaba todas). Creo que al final ganó el gordo, pero bueno, era lo de menos. Sobre todo porque Johnny Knoxville decidió que, como fin de fiesta, sería divertido abrir su tarro de semen y echárselo por la cabeza al gordo (luego resultó que en realidad no era su propio semen, sino un yoghourt o algo así; decepción general).

Esta es buena. Visten al gordo con una malla y una chichonera negras, lo tumban panza abajo sobre un carrito con ruedas, y lo lanzan por una rampa contra un montón de cubos de basura metálicos, colocados a modo de bolos. El resto de miembros del programa se han repartido por parejas, a ver quien tumba más bolos en tres series de tiradas. A la tercera serie, el gordo empieza a estar grogui de tanto abollar cubos de basura a cabezazo limpio, pero le convencen para seguir (no me pregunten cómo). "Vaya mierda de bola" dice uno de los cámaras. "es que hay que cogerla por los agujeros", responde otro (a lo que, en la siguiente tirada, el enano Wee-Man procede a meterle el dedo en el culo al gordo, mientras lo empuja rampa abajo). Por cierto, la rampa, por detrás de los cubos de basura, va a dar al río, que evidentemente es donde acaba el gordo-bola tras cada tirada.

 

Diversión con animales

Johnny Knoxville parece ser el Jackass con mayor tendencia a explorar sus límites masoquistas, intentado alcanzar siempre el mayor nivel posible de dolor físico y ruina moral. Johnny Knoxville se va a un parque público y se pone a cuatro patas mientras uno de sus compañeros le baja los pantalones y le llena la raja del culo con comida para palomas (el resto es fácil adivinarlo). Johnny Knoxville se va a un criadero de cangrejos de río, se desnuda, se pone unos calzoncillos largos hasta la rodilla, y entonces se los abren, se los llenan de cangrejos y se los vuelven a cerrar con cinta adhesiva. Los cangrejos le pinzan los cojones, el culo y, finalmente, la polla (algo que adivinamos por los intensos gritos de Johnny y sus movimientos compulsivos, como si estuviera bailando breakdance). Johnny Knoxville, en fin, se viste con un disfraz de pájaro gigante hecho de cartón, y relleno con un buen puñado de caramelos. Lo cuelgan por los sobacos de unos columpios en un parque público, les dan unos bates de beisbol a los niños, y les incitan a romper la piñata para sacar los caramelos. No hace falta mucha insistencia; enseguida los niños se abalanzan sobre Johnny Knoxville como una jauría. Sin embargo, no parecen muy interesados en recoger los caramelos que caen, sino más bien en seguir atizándole (un niño especialmente cabrón le castiga con una ráfaga de batazos en las pelotas, y cuando intentan calmarlo la emprende a batazos con los cámaras).

 

Antes reventar que sobre

En un episodio especialmente repugnante, tres Jackasses indeterminados (los llamaremos Mike, Mary y Joe) intentan dilucidar cuál de ellos es capaz de beber más leche en menos tiempo. Cada uno tiene su propio bidón, calculo que de unos cinco litros más o menos, y de un color diferenciado (blanco, rosa y chocolate). Se pone en marcha el cronómetro, y los tres a tragar. Al principio todo marcha bien, pero enseguida, hacia los dos litros, las cosas empiezan a ponerse feas. El primero en vomitar es Mike, y enseguida inicia una reacción en cadena que hace que Joe suelte también la pota. La única que no parece darse por enterada es Mary, que a su ritmo, más lento pero seguro, va consumiendo su bidón de leche impasible el ademán. Un vómito de tres litros de leche no es un vómito común. El estómago se pone a trabajar en serio, y la leche sale a presión, como si tuvieras una manguera en la tráquea. Joe y Mike vomitan leche por la boca y por la nariz, a veces a borbotones, mezclada con sus propias mucosidades y jugos gástricos, y a veces en limpios y grandes chorros que describen arcos de hasta un metro de distancia. Cuando acaban de vomitar se calman un poco, cogen aire, y se amorran de nuevo al bidón. Y por supuesto, vuelven los vómitos. No vale la pena extenderse más. Baste decir que al final sale victoriosa Mary, que se bebe hasta la última gota de su bidón, sin vomitar una sóla vez. Eso sí, en cuanto la certifican como ganadora, expulsa los cinco litros de leche como si su estómago fuese un fuelle.

 

El mensaje de los autores

Esto es, en un resumen rápido y desordenado, que probablemente no le haga justicia, lo que se puede ver en una emisión cualquiera de Jackass. Ustedes dirán "Bueno, sí, y qué; este tipo de programas los hemos visto ya muchas veces". Pues no. Hay una diferencia importante, fundamental. No estoy hablando de un programa de videos caseros, donde se filman accidentes involuntarios, ni de Humor Amarillo, donde las pruebas se realizan en un formato de concurso (es decir, con el objetivo final de ganar algo) y en un recinto cerrado. No. Las actividades de Jackass se llevan a cabo sin motivo alguno, por amor al arte, y a menudo en lugares públicos, involucrando a espectadores involuntarios (que dicho sea de paso, no suelen ni siquiera arquear una ceja cuando ven pasar por su lado a un tipo desnudo sobre un carrito de la compra, deslizándose calle abajo hasta estamparse contra un árbol, seguido por un equipo de televisión; un detalle que dice bastante sobre la condición humana).

La fuerza de Jackass reside, precisamente, en su falta de sentido. Detrás sólo se encuentra el vacío más absoluto. No se atisba ninguna ideología, ningún tipo de denuncia, ni la intención de reivindicar nada (al contrario de lo que ocurre con el pesado de Leo Bassi, que a fuerza de lanzar soflamas, hace bastante tiempo que ha dejado de ser divertido). Ni siquiera es lo bastante lúcido como para apelar al pensamiento nihilista. Son, únicamente, media docena de imbéciles autolesionándose frente a una cámara. Lo que desde luego ya es bastante. Miras a la pantalla, y lo único que ves es tu propio reflejo. Así son las cosas, y así se las hemos contado.

Ustedes seguirán diciendo "Bueno, sí, pero esto lo hemos visto ya muchas veces". Sin embargo, me he reservado el mejor número para el final. Hasta ahora he estado sacando conejos y pañuelos de la chistera, he acertado cartas sin mirarlas, he hecho desaparecer una moneda. Pero a continuación, mi ayudante se meterá en esta caja y yo la serraré por la mitad. Damas y caballeros, pido ahora un poco de silencio, para poder llevar a cabo el siguiente truco...

 

Una ducha de mierda

Johnny Knoxville llama por teléfono a un hospital: "perdone, soy Johnny Knoxville, del programa Jackass. En el próximo show me voy a meter en un retrete químico lleno de mierda, y quisiera saber qué vacunas tengo que ponerme antes para no contraer ninguna infección". No habla en broma. La cámara nos muestra el típico lavabo químico (de esos desmontables, con forma de caseta) a lo largo de todo un día, mientras vemos en cámara rápida una oleada de gente que va entrando a dejar allí la marca del zorro. Al final de la jornada aparece de nuevo Jhonny Knoxville, camiseta de manga corta y bermudas, y con la sola protección facial de un gorro de baño, unas gafas de natación y una mascarilla de papel. Knoxville saluda y se mete en la caseta. Llega un camión de basura, trinca la caseta con su brazo grúa, y la pone boca abajo. La cámara interna del lavabo no nos ahorra nada. Vemos como, a medida que la caseta y Johnny Knoxville son puestos cabeza abajo, litros y litros de heces (la mayoría en estado semilíquido, aunque también se cuela algún chorongo) saltan del retrete hacia el techo, cubriéndolo todo, incluído al bueno de Johnny, que no puede hacer nada salvo agarrarse a las paredes y alternar gritos de "¡oh, no!" y "¡oh, shit!". Cuando la grúa vuelve a poner el lavabo en el suelo, Johnny sale, literalmente cubierto de mierda, hecho una zurraspa humana, y ni corto ni perezoso empieza a perseguir al cámara, entre risas. Una actitud que, a estas alturas del programa, al espectador medio de Jackass le parece perfectamente coherente; el factor sorpresa ha abandonado la habitación hace ya un buen rato, y no sólo no te escandalizas, sino que incluso esbozas una sonrisa. Joder, cómo se divierten estos tíos. Aplausos. Telón. Buenas noches a todos, y gracias por su atención.

Chema Pamundi y su Yeti