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Mis problemas con "Las Dos Torres"

 

Pórtico Luna "La danza es aburrida, la verdad. ¿Ha soportado alguna vez un ballet de dos horas? Lo más que puede hacer es decir ¡qué bonito!, y a los diez minutos se querrá ir. El ballet está confinado en la estética. Por eso la gente va al cine, porque allí pasan cosas y, en cambio, es muy difícil explicar una historia dando saltos."

Nigel Charnock, fundador del "teatro físico".

 

1. La Tierra Media no es un parque temático.

Yo no quería escribir este artículo. De verdad. No tengo ganas de pelearme con todo el mundo, ni de parecer el más listo de la clase a base de llevar la contraria. Sin embargo, hay veces que te pones delante del teclado y se te van las manos. Siento una especie de obligación moral por combatir la ola generalizada de papanatismo que nos invade. En fin, que no comprendo esta suerte de embolia colectiva, que os impide a todos reconocer lo que no tiene vuelta de hoja: que Las Dos Torres es una película mediocre y terriblemente decepcionante. Parece como si hubiese un miedo reverencial a confesar que esta vez Peter Jackson ha metido el remo de mala manera (supongo que ha nadie le gusta parecer idiota y reconocer el planchazo, después de habernos pasado un año entero salivando). A ver, entendámonos, Las Dos Torres no es un desastre; pero, amigo, ni el abogado más entregado y el jurado más benévolo podrían encontrar los suficientes argumentos para convertirla en una buena película.

Y creedme que siento tener que decir esto. Y lo siento porque La Comunidad del Anillo me encandiló, me abrumó, y me creó una sensación de alivio y de expectativas cumplidas (viví el 2001 realmente angustiado hasta su estreno), como no experimentaba en el cine desde hacía muchos, muchos años, y en una galaxia muy lejana (ya me entendéis). Y lo siento, también, porque Peter Jackson me parece un gran tipo, que en La Comunidad del Anillo supo sortear con habilidad los escollos de un texto que parecía infilmable, combinando a partes iguales talento narrativo (la fiesta de cumpleaños de Bilbo, el concilio de Elrond, Moria, la muerte de Boromir…), un excelente criterio a la hora de meter la tijera (el prólogo sobre la historia del anillo es toda una lección de síntesis) y una encomiable voluntad de consenso para con los Tolkien-zombis (incluso con los más radicales).

Y sin embargo, incomprensiblemente (máxime cuando toda la trilogía se rodó a la vez), Las Dos Torres traiciona de manera sistemática todos los hallazgos de su predecesora, convirtiéndose en un completo muestrario de pasos en falso y oportunidades desaprovechadas. Empieza por aburrirte (Edoras es un tostón, con esas ínfulas de tragedia shakespeariana, que se queda en una mera telenovela de sobremesa), luego te cabrea (toda la parte de los ents y ese ecologismo burdo, de panfleto de ONG), y en el tramo final te sorprendes a ti mismo pidiendo la hora para que la cosa no siga empeorando, como el entrenador de un equipo de fútbol que teme que el rival le gane el partido en el tiempo de descuento. Para acabarlo de arreglar, ninguno de los supuestos puntos fuertes de la función están a la altura de lo que se vio en La Comunidad del Anillo: ni los efectos visuales (los efectos de pantalla azul, especialmente en las escenas de los hobbits subidos a la chepa de Barbol, chirrían más de lo debido), ni el diseño de producción (La Tierra Media ha perdido buena parte de su encanto y misterio; todos los exteriores recuerdan demasiado a… sí, Nueva Zelanda), ni el diseño de criaturas (Barbol no pasa de ser una versión sofisticada del comepiedras de La Historia Interminable), ni los diálogos (algunos auténticamente sonrojantes), ni la evolución de los personajes (ese Aragorn, que de repente se ha convertido en un comeyogures salido de una novela de Danielle Steele), ni, sorprendentemente, las interpretaciones de los protagonistas (si resulta que Gollum, una creación infográfica, roba la cartera a todos los actores de carne y hueso con los que comparte plano, es que algo no funciona).

 

2. La Tierra Media no es un juego de Playstation.

El principal problema de la película es que está absolutamente descompensada. La acción de Las Dos Torres gira casi por completo en torno a una sola escena: la batalla del abismo de Helm, que polariza toda la tensión dramática del relato. Eso provoca que toda la primera hora y media de metraje sea un tedioso prólogo, en el que el espectador no tiene la sensación de que ocurra nada demasiado relevante: el rey Theoden, que estaba muy malito, se recupera, Frodo da vueltas por las fronteras de Mordor sin llegar a ningún sitio, los rohirrim combaten contra unos jinetes de huargos (una escena a mayor gloria del departamento de efectos especiales), Aragorn se cae por un precipicio para luego volver a aparecer (secuencia que no se justifica lo suficiente como para alargar la película otros diez minutos), el enano Gimli es transformado en un torpe alivio cómico a la manera de Jar-Jar Binx (se cansa corriendo porque es paticorto, se cae del caballo, en el Abismo de Helm le ofrecen un taburete porque no ve más allá de la muralla…), vemos marchar diversos ejércitos de aquí para allá, como en un desfile de moros y cristianos, sin que quede demasiado claro quiénes son, de dónde vienen ni a dónde van…

Y en esas estamos, cuando de pronto llega la batalla. Una secuencia de cuarenta minutos, bastante menos brillante de lo que se nos ha querido vender: es confusa y atropellada. Nos enteramos de su desarrollo por lo que van diciendo los personajes ("la muralla ha caído, retrocedamos hasta la torre"), no porque las imágenes nos lo cuenten. No, Jackson está demasiado ocupado haciendo surfear a Legolas escaleras abajo sobre un escudo mientras dispara su arco, o haciendo que el enano Gimli cuente su decimoctavo chiste sin gracia del día, o abusando de los travellings panorámicos muralla arriba y muralla abajo, o filmando en cámara lenta la muerte del elfo Haldir (un personaje por el que es IMPOSIBLE que el espectador sienta empatía, porque entre las dos películas no aparece ni cinco minutos en pantalla). A la hora de filmar la batalla, Jackson debería haber prestado menos atención a los salvapantallas de los juegos de Playstation, y más atención al Kurosawa de Los Siete Samurais, el Kubrick de Senderos de Gloria, el Peckimpah de Grupo Salvaje, o el Spielberg de Salvar al Soldado Ryan.

 

3. La Tierra Media no es Shakespeare, pero tampoco es Dinastía.

Pero hay más. Las Dos Torres es una película torpemente narrada, con un argumento que avanza de manera espasmódica, sin fluidez (recordemos, llegado este punto, que La Comunidad del Anillo no tenía un solo bache). Los personajes secundarios, como Legolas, Gimli y, lo que es peor ¡¡Gandalf!!, no sólo no muestran evolución alguna, sino que en muchos casos se convierten en meros comparsas unidimensionales. Se echa también de menos la presencia de un villano que mantenga la tensión dramática: Sauron es reducido a un ojo llameante (precisamente una de las cosas que Jackson declaró que pretendía evitar), y Saruman a un viejo loco que se pasa toda la película mirando su bola de cristal y hablándose a sí mismo.

En cambio, la acción está salpicada por un exceso de información banal, en un absurdo intento por embutir todo el libro en tres horas de película (me parece muy curioso que uno de los méritos de La Comunidad del Anillo, la fidelidad al texto original, se acabe convirtiendo en el peor enemigo de Las Dos Torres). El resultado es que el espectador casual (ese que NO ha leído los libros, y que debería poder entender la película sin necesidad de recurrir a otras fuentes), tiene bastantes problemas para recordar nombres, reconocer nuevos personajes, o simplemente situar la acción. En Las Dos Torres hay muchas cosas que no se explican o se explican mal: la "resurrección" de Gandalf tras su combate con el Balrog, la marcha de Arwen (en su conversación con Elrond, ella dice "me quedo", y el dice "me voy", tras lo cual vemos como ella se marcha y él se queda), el personaje de Eomer (hay una tendencia generalizada a confundirlo con el hijo del rey Theoden), la resolución de la batalla en el Abismo de Helm (tal como aparece en la película, los buenos están siendo masacrados… y de repente ganan).

Y encima, para mayor desconcierto del espectador, al final de la película resulta que las cosas están exactamente igual que al principio. Ninguna de las dos subtramas principales planteadas en el arranque del film (el reencuentro entre Aragorn, Gimli y Legolas con los dos hobbits secuestrados, y la entrada de Frodo y Sam en Mordor) han avanzado un ápice.

 

4. La Tierra Media no es Peter Jackson.

Para acabar, y eso sí que es imperdonable, Las Dos Torres es una película dominada por la estupidez (como diría Robert McKee, maestro de guionistas, no es que la película tenga agujeros de guión, es que está construida dentro de un socavón). Es lo que en Hollywood se conoce como "the idiot plot"; a saber: la narración avanza únicamente por el hecho de que todos los personajes que se ven involucrados en ella son estúpidos. Es estúpido que Frodo y Sam se echen a dormir sin vigilar a Gollum (y es igualmente estúpido Gollum por no aprovechar la situación y robarles el anillo). Es estúpido el comportamiento en general de los ents (uno de los mejores momentos del segundo libro, y que en la película se convierte en una brasa) que al parecer no estaban al tanto de que Saruman había destruido su bosque (a pesar de que son casi vecinos); sin embargo, en cuanto Barbol lo descubre, pega un silbido y en un santiamén aparecen varias decenas de ents que casualmente ¡¡estaban allí mismo!! (¿Y no se habían enterado de nada? ¿Cómo es posible?). Es estúpido que Saruman, el archimago, se quede mirando por el balcón de su torre sin hacer nada mientras los ents le desmontan el chiringuito. Son estúpidos todos los allegados al rey Theoden por no pegarle una buena patada en el culo a Lengua de Serpiente (¿Es que no se habían dado cuenta de que era un siervo del mal, con ese nombre, esas pintas de electroduende y esa actitud a lo Ricardo III de vía estrecha?), hasta que llega Gandalf y monta el numerito estilo padre Karras en El Exorcista. Es estúpido el mismo rey Theoden por dejar marchar a Lengua de Serpiente una vez ha sido desenmascarado, y es estúpido por no hacer caso a ninguno de los consejos de Aragorn. Es estúpido que Frodo y Sam vayan caminando por las montañas y se encuentren, justamente, con Faramir, el hermano de Boromir (la Tierra Media es un pañuelo, claro). Es estúpida la idea de que un ejército de elfos cruce a pie la Tierra Media, desde Lorien hasta el Abismo de Helm (una pateada de aquí te espero), sin que nadie se entere, ni ninguna patrulla los vea pasar, ni se crucen con ningún orco, ni se transmita la menor noticia al respecto, ni nada de nada de nada, hasta que llegan a las mismas puertas de la fortaleza. Es estúpido que 10.000 uruk-hais (u 8000, o los que queden), con la batalla del Abismo de Helm completamente ganada, se den de pronto a la fuga alocadamente cuando les cargan 200 rohirrim (o 500, o los que sean) a caballo…

Me dicen los Tolkien-zombis que debo comprender que, al ser la parte central de una trilogía, es una película sin principio ni final (no me vengáis con cuentos; que lo mismo le ocurría a El Imperio Contraataca, y es la mejor entrega de la saga original de Star Wars). Me dicen también los Tolkien-zombis que buena parte de "LA CRÍTICA" (así, en amorfo y con mayúsculas), ha aplaudido Las Dos Torres, incluso puntuándola mejor que a La Comunidad del Anillo. Pero vamos a ver. ¿Qué parte de "la crítica"? ¿Los mismos críticos que en su momento despedazaron Barry Lyndon o Blade Runner? ¿Los mismos críticos que, hace sólo tres años, compararon a George Lucas con Cecil B. De Mille, a propósito del estreno de ese petardo llamado La Amenaza Fantasma? ¿Ahora va a resultar que la crítica es infalible? Pues ante tal argumento, no me queda más que felicitar al departamento de marketing de New Line Cinema, porque todo el dinero invertido en promoción ha dado el rendimiento esperado: de tanto decir que Las Dos Torres iba a ser una obra maestra (hoy en día, un calificativo completamente desprestigiado, que se aplica a cualquier medianía filmada con oficio), se lo han acabado tragando todos.

Chema Pamundi y su Yeti