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Antena 3: ¡No hacer prisioneros! (y 4)

 

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Tras el desembarco de Asensio y Manuel Campo Vidal, la nueva Antena 3 comienza una profunda renovación. No sólo en el apartado ideológico, abandonando el anterior antisocialismo por un borroso pro-gubernamentalismo, sino también en los contenidos de entretenimiento y en la propia imagen corporativa de la cadena. Desaparecen las entrañables series cutrecasposas de los setenta y empieza a abundar el cine de estreno; el aspecto barato de sus producciones se ve reemplazado por el lujo y el glamour; desembarcan Olga Viza, Mercedes Milà, Emilio Aragón o Pepe Navarro, grandes fichajes arrebatados a la competencia a golpe de talonario; de la anterior etapa sólo permanece Farmacia de Guardia, la serie de Antonio Mercero.

Poco a poco, Antena 3 Tv sobrepasa a Tele 5 en los índices de audiencia y comienza a pisarle los talones a TVE 1. Y empieza a ganar dinero. Mucho dinero.

Políticamente, el cambio de dirección en la cadena no pudo ser más oportuno, antes de las elecciones de 1993, en plena crisis económica y antes de la retahíla de escándalos que marcaría el definitivo declive de la era González. En los años siguientes, Antena 3 mantendría una línea informativa neutra, que le permitiría albergar el primer debate televisivo de la historia de España entre dos candidatos a la presidencia del Gobierno. El tratamiento de los escándalos que afectaba al gobierno siempre fue bastante suave, sin renunciar a una información completa. Salvo algún episodio puntual de intervencionismo gubernativo, como los monólogos televisados desde la Moncloa del entonces presidente, Felipe González, a imitación de las "charlas junto a la chimenea" de Franklin Delano Roosevelt, Antena 3 se vio libre de presiones durante los siguientes cuatro años.

Es decir, hasta las elecciones de 1996.

Aquel año, José María Aznar gana las elecciones por un escaso margen, lejos de la mayoría absoluta. Consigue forjar un pacto de investidura con los nacionalistas vascos y catalanes y comienza a gobernar con la fuerte oposición del PSOE de Felipe González y los medios del Grupo Prisa - Cadena SER ( más la antigua Antena 3 Radio, fagocitada por la anterior ), Canal + (el único canal de televisión de pago, sorprendentemente rentable, y cuyos guiñoles siempre han sido especialmente duros con Aznar ), y el diario El País ( el más leído e influyente, que incluso se atrevió a lanzar una campaña para descabalgar a Aznar de su propio partido y colocar a Alberto Ruiz Gallardón al frente de un gobierno de concentración. El hecho de que Gallardón no corriera precisamente a desmentir el rumor seguramente no tiene nada que ver con su actual marginación dentro de su propio partido. )

Vista la situación, en el PP llegan a la conclusión de que si no pueden desmantelar el monstruo que es Prisa, por ser demasiado poderoso, será necesario neutralizarlo. ¿Cómo?

Oponiéndole otro monstruo igual de poderoso.

La nueva tecnología digital ofrece una oportunidad dorada para ello. En el mismo espacio que antes ocupaba una canal de televisión analógica, ahora caben cuatro de televisión digital, más los servicios interáctivos como el pago por visión o la telecompra. El espacio natural de la nueva oferta era el cable, frenado históricamente en España por motivos políticos. Para explotar el nuevo mercado, Prisa, que ya gestionaba Canal +, había formado Sogecable durante el último mandato socialista y llegado a un acuerdo con Telefónica por el que la operadora monopolística ponía la infraestructura y la compañía de Polanco los contenidos y la tecnología del descodificador. Pero el acuerdo fue anulado por Bruselas por considerarlo abuso de posición dominante. La llegada del PP al gobierno terminó de convencer a Prisa de que le convenía buscar otras vías para su negocio. Lo halló en el modelo de Rupert Murdoch y su imperio de la televisión por satélite.

El satélite permite una gran capacidad de transmisión, mayor aún que la del cable, pero sin bidireccionalidad. Las posibilidades interactivas quedaban cercenadas, pero basándose en su experiencia en Canal +, en Prisa decidieron que al público sólo le interesaban tres cosas de la televisión de pago: cine, porno y fútbol.

Entretanto, el gobierno del PP había comenzado a poner en marcha su estrategia para neutralizar a Prisa. Para ello impulsaría una plataforma de televisión digital que minaría la potencia financiera del grupo al arrebatarle el monopolio del mercado de la televisión de pago. El socio de referencia sería la nueva Telefónica, recién privatizada y capitaneada por Juan Villalonga, antiguo compañero de pupitre de José María Aznar. Villalonga actuó como el típico tiburón financiero, a base de golpes de efecto que multiplicaron el valor en bolsa de la compañía mientras no se cuestionó le valor real de las operaciones. Cuando la realidad impuso un severo correctivo  a los títulos de la operadora, Villalonga ya había abandonado la dirección.

El resto del capital de la plataforma estaba repartido entre todo aquel que era alguien en el mundo de la comunicación española, de modo que no hubiera posiciones de dominio. Una vez presentado en sociedad el proyecto, se invitó a Polanco a unirse a él, eso sí, como uno más. Eso le hubiera impedido ejercer el mismo control político al que estaba acostumbrado en la SER y El País, y hubiera disminuido su capacidad de presión sobre el gobierno. Polanco rechazó la oferta y siguió adelante con su proyecto, convencido de que poseía los derechos de los contenidos más atractivos para el público y sin los cuales la otra plataforma no podría competir.

Pero resultó que no lo tenía todo tan atado como creía.

Antonio Asensio, editor de El Periódico y dueño de Antena 3 TV, había empezado a adquirir los derechos de transmisión de los partidos al margen de la Liga Española, negociando directamente con los clubes, alguno de los cuales adquirió. De repente, el acuerdo en exclusiva de Canal + era papel mojado.

Comienza entonces la guerra del Fútbol.