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Yo vivo muy feliz con mis dos macetas

 

Pórtico Luna

Es difícil no ser pesimista viendo cómo está el mundo. Conservar el optimismo depende de una alegría natural, intrínseca o de una voluntad de hierro. Y en mi caso, de un egoísmo atroz.

Confieso que mi mente y mi corazón hacen verdaderos malabarismos para conseguir ignorar lo que sucede a nuestro alrededor.

Un hombre asesina a su ex mujer atropellándola y luego golpeando su cabeza contra un bordillo. Un joven inca corre envuelto en fuego. Niños y niñas hambrientos, de cuerpo esquelético y panza y ojos como canicas. Unos chicos matan a otro a patadas. La democracia yace agonizante. Unos señores torturan a otros por un cacho de tierra y los supuestos compañeros del muerto sobrevuelan el cadáver como buitres, a la espera del ansiado voto que les dará el poder.

Un diluvio, la erupción de un volcán, un terremoto…cientos, miles de fallecidos y miseria.

Mientras tanto, Maradona publica un libro y se tatúa a Ché Guevara y Marujita Díaz se pone silicona en las orejas y en los dedos de los pies.

Confieso que cierro los ojos. Ojos que no ven, corazón que no siente. Riego mis plantas y viajo en metro y me enamoro. Y soporto la circunstancia de mi vida mientras la de otros se descompone, se pudre, se vende, se compra, se acaba, comienza, es devorada, maltratada…y oigo el llanto de las almas, un espeluznante gemido de horror. Qué patéticas son algunas muertes y qué patéticas son algunas vidas.

Un desfile en Milán de cuerpos maltrechos, mutilados, moribundos. Una fiesta en París de zombis vestidos de esmoquin y enfermos de SIDA en Hollywood Boulevard.

Riego mis plantas, apago la tele y tiro el periódico a la basura. Riego mis plantas, apago mi memoria y tiro mi conciencia a la basura. No sé qué hacer, por dónde empezar.

El consejito de belleza de hoy: si es feliz, disfrútelo sin sentirse culpable…a no ser que tenga algo que ver en este asunto. Ya hay bastante tristeza en el mundo. No hay maquillaje que cubra la incompetencia de la clase gobernante. Ni tampoco lo hay que cubra el egoísmo de quien es feliz y tiene derecho a serlo.

 


Sandra Miralles