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El rollo de la moda

 

Pórtico Luna

La moda es el ejemplo más claro de que la relatividad existe, es decir, que todo depende de las circunstancias y de los tiempo; que el blanco y el negro fueron arrinconados por los matices del gris, que nada es verdad ni mentira si no del cristal con que se mira; en fin, que lo que no sirvió ahora sirve y viceversa.

A mi la moda siempre me ha parecido un camelo. Unos tipos diseñan, cuando no copian o rescatan del baúl de lo recuerdos, una serie de prendas, actitudes y poses, para acto seguido hacer un paquete, exhibirlo por donde haga falta y llamarlo moda. Si a algún mortal se le ocurre no ir a la moda está, como dicen ahora, "out" , fuera de no sé muy bien qué. Para estar "in", dentro del mismo no sé qué, tenemos que vestir con tales o cuales pantalones, aunque los mismos destaquen michelín o se nos metan entre las nalgas dando un lgero tono violáceo, por ende, a nuestro rostro; da igual, la actriz de turno los lleva y no vamos a ser menos. Y que decir cabe de las colonias que valen un pastón y que nada más utilizarlas nos transforman en hombres curtidos o andróginos, que ahora gusta mucho, dispuestos a comernos el mundo y dejar a las hembras turulatas. Si algún detalle nos falta no estamos totalmente embarcados en el tiovivo de la moda, así que hay que esforzarse y peinarse, calzarse, moverse, vestirse, incluso hablar y caminar de una manera determinada, hasta que el lumbreras de turno nos marque el siguiente paso.

Los que hacen moda se autodemoniman creativos cuando no hacen más que recuperar ideas y prendas, modos y modas del pasado. Cuando en mis años mozos uno llevaba un tatuaje era tratado de delincuente como mínimo. La gente te miraba como si tuvieras el estigma del barrio. En aquellos momentos los tatuajes eran un signo de rebeldía, una seña de identidad propia de una juventud determinada. Ahora con la moda de tatuarse no hay dios que no tenga en su haber un dibujito epidérmico. Muchas personas andan con tatuajes es los lugares más recónditos, y no son pequeños a modo de: "Amor de madre", no, ahora cuando más grandes y extravagantes, más molantes y a la moda. Sucede que como tienen que lucirse, caminamos medio desnudos para decirle al resto de los mortales que llevamos esa virguería en nuestro cuerpo serrano. No se puede negar que la ligerezas ha subido la líbido general y éso en unos momentos de cierta regresión es muy saludable.

Que me dicen ustedes de la moda de enseñar gallumbos y tanguitas por doquier ¿mola o no? Cuando yo era niño no podíamos soportar enseñar los calzoncillos, aquellos de algodón que aguantaban estóicamente, si era menester más de un jornada; los compañeros se reían por mostrar aquel trozo de tela blanquísima y oceanísima. Ahora hay que enseñar la marca del calzoncillo y encima te soplan unos cuantos talegos, perdón euros. Y los mismo pasa con las braguitas que asoman por el corto tiro del pantalón presentando lo que no podemos alcanzar.

Como ven todo es relativo; lo que antes eran una cosa, ahora es otra. Con tantas idas y venidas, con tanta relatividad uno se queda sin asideros y es víctima (este es mi caso) de una cierta desubicación que en algunos momentos me incita a gritar: ¡Qué alguien paré esto que yo me bajo en la próxima!