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Antena 3: ¡No hacer prisioneros! ( y 3)

 

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A principios de 1991 se desarrolla en el seno del Grupo Godó, editor de  La Vanguardia, una de las más sórdidas tramas de la historia de la prensa española. Dos de los hombres de confianza del Conde de Godó, Albert Garrofé y  Carlos Fajardo, llevaban un tiempo conspirando con Lluis Prenafeta para sacar a la calle un nuevo periódico, El Observador, con el apoyo de Convergencia Democrática de Catalunya y que haría la competencia a La Vanguardia. Para más INRI, estaban desviando fondos de las cuentas de su patrón para financiar su traición.

De todo ello se enteraría Javier de Godó gracias a los servicios de un ex-espía de los servicios secretos españoles: Mikel Lejarza, Lobo, famoso por haberse infiltrado en la cúpula de ETA a mediados de los  70. En aquellos años, el Conde vive inmerso en un continuo estado de ansiedad y  ve enemigos y traidores por todas partes. Las deudas le asfixian; La Vanguardia ha perdido su posición de referencia a manos de El Periódico; Antena 3 de Televisión no termina de despegar... Desesperado mira a su alrededor en busca de ayuda y divisa dos buques en posiciones opuestas del horizonte: Javier de Polanco y Mario Conde.

¿Hacia cuál nadar?

Su hombre fuerte en Antena 3 de Televisión, Manuel Martín Ferrand, se inclina por Mario Conde, creyendo que apoyará a la plantilla de profesionales de la casa - Antonio Herrero, Luis Herrero ( No. No son parientes.), Federico Jiménez Losantos y José María García. - en su cruzada particular contra el gobierno socialista, con el que el Conde tendía a contemporizar demasiado, según ellos - el entonces director de La Vanguardia, Juan Tapia, provenía del FOC, la formación política en la que dieron sus primeros pasos Narcís Serra y Miquel Roca. Y de hecho fue sustituido por José Antich, más conservador, cuando el PSOE fue desalojado del poder por el PP. Así se explica la longevidad de La Vanguardia, cuyos astutos amos siempre supieron colocarse a favor del viento que soplaba: Un repaso a su lista de directores equivale a un resumen histórico de los vaivenes de la política española -.

Entre Conde y Godó surge una corriente de mutua simpatía. El banquero siempre se sintió impresionado por los títulos nobiliarios y el editor se vio deslumbrado por la fulgurante ascensión del nuevo astro de las finanzas. En una de sus entrevistas, Conde le enseña a Javier de Godo su sistema de seguridad: un conjunto de cámaras y micrófonos con los que graba a todo el que pasa por su despacho. De vuelta en La Vanguardia, Godó pide a Lobo que le instale un sistema similar. En los despachos de La Vanguardia pronto se acumulan montañas de cintas grabaciones legales e ilegales fruto del trabajo de Lobo y que años después llevaría al Conde a sentarse en el banquillo de los acusados, pero hubo una persona a la que el sistema privado del Conde de Godó no pudo grabar: el vicepresidente del gobierno, Narcís Serra, que en una reunión a la que asistió también Juan Tapia, le transmitió al editor el disgusto del gobierno por sus tratos con Mario Conde, a quien veían como un posible Silvio Berlusconi español. El vicepresidente acude protegido por efectivos del CESID - los servicios secretos españoles - que distorsionan  electrónicamente los micrófonos. En esa reunión, se le plantearía también a Javier de Godó que el Gobierno vería en cambio con buenos ojos una aproximación a Javier de Polanco, el dueño de El País y la SER, la emisora que compite con Antena 3 de Radio.

En Mayo de 1992 se produce el llamado "Pacto de los editores" - o por los damnificados, "El Antenicidio" - por el que Polanco compra Antena 3 de Radio para desmontarla, lo que le granjeará el eterno odio de los locutores despedidos que emigran hacia la COPE, donde ya no conseguirían repetir el éxito de Antena 3; a la vez que entra en el capital de La Vanguardia, solucionando parte de los problemas financieros del Conde; y Mario Conde - o Banesto, para ser exactos - compra Antena 3 de Televisión, para después cedérsela a Antonio Asensio, editor de El Periódico, el diario que hace la competencia a La Vanguardia y que no había conseguido una licencia de televisión en el concurso de 1989. Como era de prever, Luis Herrero y Jiménez Losantos salen también de Antena 3 de Televisión. No así José María Carrascal, más conservador si cabe y con menos audiencia, pero inofensivo por ser considerado demasiado antiguo como para sintonizar con las nuevas generaciones y relegado al filo de la madrugada - creo recordar que incluso anunciaban así su informativo -.

En Julio de 1992, Polanco compra las acciones de Javier Godó y Rafael y Manuel Jiménez de Parga (51,97 y 3,72%, respectivamente.) y Antena 3 de Radio se convierte en Sinfo Radio, una emisora de música clásica. Desaparece así la cadena que le había arrebatado el liderato a la Cadena SER. Luego, a principios de 1994, se forma Unión Radio para gestionar conjuntamente ambas emisoras. Es decir: las antiguas emisoras de Antena 3 pasan a emitir la programación de la SER.

La operación fue tolerada pese a que vulneraba la ley, puesto que Antena 3 de Radio cotizaba en bolsa y participaba en Antena 3 de Televisión, lo que convertía a Polanco en dueño de dos emisoras de TV, algo expresamente prohibido por la Ley de TV privada de 1988. Pero PRISA se escudó en un informe emitido por el Tribunal de Defensa de la Competencia, dependiente del Ministerio de Economía; y en la orden ministerial del 20 de Mayo de 1994, que legalizó la operación a posteriori. La orden ministerial fue recurrida por los periodistas afectados y el 12 de Junio de 2000, el Supremo anuló la decisión de autorizar la concentración de emisoras. Por aquel entonces el que fuera presidente del TDC en el momento de la decisión anulada, Miguel Ángel Fernández Ordoñez, formaba parte del consejo editorial de PRISA, al lado de Carlos Solchaga, de cuyo ministerio dependía dicho organismo.

En cuanto a Antena 3 de Televisión, entre 1991 y 1997, Antonio Asensio se hace con alrededor del 50% de la cadena de televisión, vulnerando también la Ley de Televisión privada que fijaba un límite del 25% a las participaciones de un sólo accionista. A través de sociedades instrumentales como Renvir y Prensa Regional, se hace con el control de la empresa, apoyado por el Banesto de Mario Conde y los bancos Santander y Central Hispano - curiosamente, hoy todos ellos están integrados en el mismo banco, un monstruo llamado SCH -. El logo de la cadena cambia, para marcar distancias con la fenecida Antena 3 Radio y su línea antigubernamental. Curiosamente, la nueva mosca luce los colores de Banesto.

Como hombre de confianza de Asensio desembarca Manuel Campo Vidal, bien relacionado con el poder socialista y bien visto por la clase política catalana, algo vital si tenemos en cuenta que el principal negocio de Asensio es El Periódico de Catalunya y que desde 1989, los nacionalistas catalanes de Convergencia y Unió sostienen el gobierno de Felipe González y eran uno de los blancos preferidos de los defenestrados cruzados de la vieja Antena 3.

Poco a poco, Asensio consigue hacer de Antena 3 de Televisión lo que no pudo o no supo Manuel Martín Ferrand - su antiguo colaborador en el nacimiento de El Periódico -, una televisión moderna, nada estridente, y sobretodo, rentable.