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Ya es primavera en "Vestida para matar"

 

Pórtico Luna

¡Ay!, ¡ay, el solecito y las florecillas!, ¡ay, qué bien me sienta esta estación!
En invierno, seguro que a más de uno y de una le ocurre lo mismo, me siento torpe, adormecida, desanimada. Pero en cuanto llega la primavera, es como si me colocaran un traje de Supergirl. Tengo capa, rayos X y alergia a la "kriptonita".
Se me llena todo el cuerpo de un optimismo que no se lleva nada…y por eso mismo lo luzco con mayor ostentación.
Crear por el placer de hacerlo, e incluso por la necesidad de expresar cuanto se deposita durante el frío en el rincón más oculto de mi alma.
Y crear con la intención de contagiar, de compartir, de hacer crecer las semillas que encuentre en el camino. Regar las ideas con agua mágica, para que crezcan y se conviertan en algo más que una planta bonita de ver…que se transforme en un árbol de fuertes raíces, cuyas hojas de colores avisen de que nada es imposible.
De otra manera, las plantas se pudren; y en invierno, mueren.
Llega la primavera y me arrastra, me desnuda, me devuelve al mundo para absorber la vida y, como persona agradecida, devolvérselo con creces.
Es probable que usted sienta todo lo contrario. Estornuda, se pone de mal humor, empieza a temer el caluroso verano…No se preocupe, nos turnamos. Usted crea en invierno y yo en primavera. Hay clima para todos. Lo importante es disfrutar.
La temporada primaveral de "Vestida para matar" les invita a lucir su piel, a dejarse llevar por la exuberancia de la naturaleza, aunque sea en una macetita, y a trabajar en esas ideas locas que, al final, nunca lleva a cabo.
Hágame caso, es el momento.
Cierre los ojos y piense en nuestro consejito de belleza de hoy:
Riegue, riegue la semilla y recuerde que, si esa flor no va a transformar el mundo, perecerá con las primeras nieves y a usted sólo le quedará el recuerdo de que, una vez, tuvo una flor.


Sandra Miralles